'Dios Dirá, Dios Proveerá':
Curro, tradición y modernidad
Desde Sanlúcar de Barrameda hasta la nueva escena del pop de raíz, el camino de Curro nunca ha seguido las líneas rectas. Autodidacta, intuitivo y profundamente ligado a Andalucía, el artista ha construido su proyecto musical como quien se forja un lenguaje propio: mezclando códigos flamencos aprendidos desde niño, la sensibilidad emocional del R&B, la energía urbana de los 2000 y una pulsión experimental que lo ha llevado siempre a ir un paso más allá. Tras sus inicios como 2001, el giro identitario que culminó en 2023 con el nacimiento de Curro marcó el inicio de una etapa más honesta, más consciente y más orgánica. Y ese proceso encuentra ahora su forma definitiva en ‘Dios Dirá, Dios Proveerá’, su segundo álbum de estudio. “Estoy super contento. Estoy agradecido de haber podido llegar a la gente que estoy llegando, de ver el reconocimiento, como de haber conseguido esa meta, ¿no? Que esa pequeña meta que tenía establecida tanto con la creación, de cómo quería el proyecto, con cómo más o menos se está desarrollando ahora el ese proceso de salida”.
Hablamos de un álbum con tintes híbridos entre, por un lado, la tradición, el folklore y lo popular; y, por otro lado, su vínculo con la modernidad, lo experimental, la mezcla de sonidos y géneros, que sorprende en cortes como ‘Después De La Tormenta’ (con guiño al ‘Ojú’ de Las Niñas) o ‘Que X Bien No Venga’. Sin embargo, la balanza siempre se decanta más hacia uno de los dos: “Siento que el álbum se direcciona bastante a lo clásico, como que su funcionalidad viene un poco de esa raíz. Para mí personalmente es lo más pop que he podido hacer hasta la fecha y, a la vez, creo que también, tal y como funciona el pop a día de hoy, creo que tiene esa ramita como experimental, pero por el mero hecho de que no estamos acostumbrados a los mismos a sonidos antes. Siento que ahora escuchamos temas de antes, temas que lo mismo estaban pegados, y duraban cuatro o cinco minutos, y estaban el número uno en una lista. A día de hoy no sonaría experimental por el hecho de que estamos acostumbrados a canciones de dos minutos, y todo como superelectrónico, muy cortito y muy conciso. Entonces, para mí es un proyecto superclásico”.
El caso de Curro entra dentro del espectro de artistas que dan el salto de la producción a la faceta de vocalistas en su propio proyecto, mucho menos habitual al contrario. Nos cuenta algunas de las razones: “A mí nunca se me había puesto el cante como algo que se me hiciese excesivamente bien, no por nada, sino porque siempre estaba muy enfocado así en mi familia; mis padres siempre incentivaban mucho mi vertiente de músico, y en ningún momento caía en que yo podía cantar. También porque mi hermana era la que cantaba en mi casa, era como ‘mira qué bonito canta, que cante la niña’. Que haga ella todo, y el niño toca, y ahí me quedé en ese rol: yo solamente puedo crear, componer y demás. Entonces, empecé produciendo como una vía de seguir con la música, porque había abandonado la percusión hacía unos años y necesitaba descubrir nuevos mundos que cuando escuchaba la música no encontraba aquí en la industria española. Así, el cantar fue porque yo buscaba constantemente una vocalista a la que poder hacerle un proyecto, y visto de que nunca podía arrancar con esa persona, pues dije: ‘me tocará a mí y tendré que hacerlo yo’. Empecé a cantar y dije, ‘pues no se me da tan mal’”.
Aun así, musicalmente, ha llovido mucho desde sus inicios con la electrónica hasta entregarse por completo a un sonido vivo que despliega en diferentes géneros. “Sí que han sido nuevos retos temas como, por ejemplo, ‘La calma’, el último tema del álbum, pero porque de pronto he tocado algo que no había tocado en mi vida, que era esa vertiente ‘rockera-indie’ un poco invent a mi forma, o el tema de ‘Ningún Mar’, que es lo más parecido al flamenco que he hecho en mi vida; lo más flamenco dentro de ‘lo no flamenco’ de mi carrera”. Precisamente hablando del que fue uno de los sencillos del disco descubrimos cómo surgió su colaboración. “Surge de forma completamente natural. Por un encuentro que tuve con el manager del Kiki. Él se encariñó con mi proyecto y conmigo, y me dijo que tenía que hacer un tema con Kiki. Casualmente tenía ‘Ningún mar’, había grabado las voces una semana antes. Vuelvo a coincidir con Kiki y le grabo un videoclip, me invita a un camp, le enseño el tema y se enamoró del tema. A las dos semanas en Granada estaba en casa de su padre, que ya para mí fue místico absoluto, el estar grabando un tema en el estudio de Enrique (Morente). Una vez lo tenemos grabado, Estrella me dijo que quería escuchar tema y me pidió que si podía cantar, y yo le dije que era suyo, que hiciese lo que quisiese. Lo tengo como súperestructurado todo, porque ha sido como dentro de este tormento de año, digamos, como un día de luz absoluta, viendo cómo todo fluía y todo surgía de forma completamente natural. Me parece mágico porque no he tenido que depender al final de nadie; el manager nos puso en contacto, pero para cosas distintas, ¿sabes? Y él fue al final quien quiso trabajar, que estuviese yo en su proyecto, y él además quería estar en el mío”.
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Su último disco es una amalgama de influencias que surgen de los tres países más importantes de su vida: España, Argentina y Estados Unidos. “Son mis tres puntos cardinales. Es una especie de trinidad energética. Si hay algo común en este disco, son esos tres lugares coexistiendo todo el tiempo”. España es el sitio en el que vive. Hasta ahí, bien. Culturalmente, Dano también se siente de Estados Unidos. La filosofía estadounidense está volcada de lleno en los samples de ‘Nuevos Trapos’. “No pillo un sample porque suena reconociblemente argentino. Es al contrario, porque quiero encontrar en algo muy raro de mi país esa cosa que suena a lo que se hace en Estados Unidos”. Es buscar los mismos sonidos en lugares no visitados. “No solo podemos encontrarlo aquí, sino que los productores yanquis probablemente no han buscado estos samples”.
El espíritu argentino está presente en el título del disco a través de uno de los artistas más importantes de la historia del país: Charly Garcia. “’Clics Modernos’ se iba a llamar ‘Nuevos Trapos’. Esa es la historia”. El disco del rockero argentino estuvo a punto de llamarse así hasta que vio el icónico graffiti de la portada gracias a su fotógrafo. “Charly salió a la calle y la calle le cambió los planes. Yo tenía un disco en Nueva York y la vida también me cambió el plan. Me quedé con el título que no usó para su disco en Nueva York”.
Si la obra abraca lo popular en muchos sentidos, el tracklist, que bebe del refranero popular, es la confirmación definitiva de esto. Como mecanismo de desinhibición, el artista procesa la experiencia personal a través de algo que ya se ha dicho y que está en el imaginario popular: “Estaba en ese proceso que fue el punto de inflexión, donde di a la vuelta y empecé a crear el álbum que habéis escuchado. Tenía otro título y tenía otra movida, pero estaba dando cuenta de que había ya varios temas que tenían nombre de refrán, te lo prometo, de forma completamente natural. Había un tema que se llamaba ‘Santa Rita’, del famoso dicho. Entonces, un día hablando del álbum precisamente, viendo de dónde venía, de ‘El Palmar’, que acababa de salir prácticamente, y estaba todo tan efervescente con el álbum, que hablando en una reunión, dije: ‘Bueno, que sea lo que tenga que ser, y Dios dirá, Dios proveerá’. Y de pronto me doy cuenta con las demos que tenía de que estoy poniendo tilitas constantes a todo lo que estoy hablando porque estoy evitando constantemente confrontaciones y estoy utilizando los refranes como una forma de quitarme este peso que estoy viviendo ahora. Y a partir de ahí empezó todo ese desarrollo y decidí enlazarlo con la cultura popular que tenemos: utilizar dichos, expresiones, como un parche cuando hay un problema que no sabemos solucionar de forma inmediata.
En el panorama actual, lo popular se está resignificando como una vuelta a la tradición en su sentido más amplio: desde la religión y la espiritualidad hasta roles establecidos. En contextos que señalan la apropiación o la instrumentalización de corrientes y estéticas bajo la estética de ‘lo costumbrista’ por parte de muchos cantantes, existen artistas que abrazan lo autóctono, fuente inagotable de inspiración que siempre puede reinterpretarse. A todo esto se suma la dimensión espiritual —no tanto religiosa como humana— que permea el proyecto. En un presente incierto, el disco aborda la eterna búsqueda de la paz, y lo hace desde un prisma profundamente andaluz, orgulloso de una identidad que no utiliza como ornamento, sino como cimiento.
“Para mí la religión siempre ha estado presente, por el hecho del contexto en el que vivo. Andalucía es full religión. No tenemos una cultura laica ni mucho menos, porque todas las festividades que tenemos tienen una connotación religiosa, y al final creo que nuestra cultura, seas creyente o no seas creyente, te va a gustar; o, mayormente, a gran parte de la población le gusta tener ese tipo de contacto con la religión, porque es algo que al final va más allá de creencias. Yo personalmente soy una persona muy creyente de toda la vida, no lo he abandonado en ningún momento. Sí ha habido momentos en los que, porque estás mejor anímicamente, te acuerdas menos, y cuando estás peor, pues te acuerdas más. Pero sí siento que socialmente ahora está habiendo una vuelta a valores tradicionales. Creo que viene un poco por la desesperanza política, por la por las crisis que hay, los conflictos bélicos y las desigualdades que se están generando, que cada día son más. Hay muchos contextos sociales que están incitando bastante a que la gente tenga que aferrarse a algo intangible y la religión es lo más accesible que tenemos para conectar con algo. Si no eres capaz de fiarte del ser humano que tienes al lado, porque no sabes si está yendo en contra de tus derechos morales, pues te tienes que aferrar a lo intangible para intentar encontrar un respiro, un sitio de paz. Esa espiritualidad de creeré o no creeré en una institución, pero sí quiero creer que hay algo más allá de lo que hay aquí, porque es que si no creo que la vida que me espera es una auténtica basura. Al final, creo que la religión es todo: es la persona que se pone cuatro velas, se pone a meditar, la que se va a la iglesia a rezar, la que decide depositar todas sus energías en lo que sea”.
Por mucho que sus raíces marquen su piedra angular, su proyecto no responde a fórmulas ni a etiquetas rígidas, sino al tiempo vital en el que se encuentra: “Yo creo que me define el tiempo en el que estoy y cuando estoy creando, o sea, nunca me va a definir un álbum al 100 % porque creo que en la evolución es donde está también en la definición de artista, ¿no? Que vayas constantemente cambiando, intentando meterte dentro de derroteros nuevos, que te sea.. ¿cómo se dice? ‘challenging’. Odio meter una palabra en inglés cuando hablo, ¿eh? Me da un viaje de vergüenza, pero como que estoy eh enfrentándome a cosas nuevas y creo que cada vez que te enfrentas a algo nuevo la gracia está en transportarla a la forma en la que tú eres. Creo que el artista no es el género, la forma en la que produce un álbum o lo que sea, sino que es más cómo estructura las cosas, la forma en la que lo canta, la forma en la que lo proyecta. Sí, creo que es, actualmente, y obviamente, porque es el último, el álbum en el que me abro más como Curro, o empiezo a sacar más mi voz, o a darle más importancia, a jugar con ella, pero creo que todo es una evolución constante y lo mismo el siguiente álbum pues le da siete mil patadas. Nunca haría definir mi sonido por un álbum en concreto.”
La música y la parte visual no son compartimentos separados, sino que parten de un mismo impulso creativo. Su formación en publicidad atraviesa inevitablemente todo lo que hace, y demuestra a aquellos artistas que deciden profesionalizarse en la música tras iniciarse en caminos diferentes que todo puede sumar. “Una vez estudias algo es como el que aprende a hablar, lo implementas todo en tu vida porque no te queda otra. Cuando tú aprendes a cocinar, pues tres cuartos de lo mismo. Creo que al final la carrera es inevitable no implementarla, pero porque casualmente van ligados. O sea, parte del mundo de la música tiene que ver con el mundo de la publicidad, por los aspectos creativos, por la forma en la que hay que vender el producto. Siempre me he metido en toda la parte creativa y creo que es como mi segundo amor; ya no solamente la publi, sino el mundo de del arte. He trabajado durante dos años y medio con una agencia que tenía montada con un compañero y cerramos la hace unos meses, con lo cual todo el proceso creativo ha ido ligado de un proceso creativo visual. Y creo que también es un poco esa la esencia o la gracia de mi trabajo; que siempre va a estar mi cabeza meterlo por medio, pero porque no concibo la obra sin un total y ese total va desde lo audiovisual hasta la forma en la que quiero proyectar o comunicar el álbum.”
A lo largo del proceso de creación, la composición funciona como una especie de espejo silencioso: un lugar donde sus emociones se cuelan sin pedir permiso. Más que una herramienta deliberada de desahogo, funciona como una terapia involuntaria, casi instintiva. “Al final todo viene del componer la música como tal, ya no las letras. Escribir una melodía me viene a la cabeza automáticamente, y viene del batiburrillo que tienes. No diría que lo utilizo al 100 % como un respiro, como forma de desahogarme, porque creo que se hace más de forma inconsciente que de forma consciente. Siento que si se hace de forma consciente, ya entonces el mensaje no sería lo mismo. Es un poco la naturaleza del del ser humano. También soy una persona que le ha costado muchos años abrirse por lo general con la con la gente. Entonces, creo que inevitablemente mi subconsciente decía: ‘pues de alguna forma tienes que soltarlo, ¿sabes?’. Tienes que hablarlo, tienes que decirlo. Y creo que la música pues en ese sentido sí me ha podido ayudar, pero desde luego que no ha sido una vía de desahogo que haya utilizado conscientemente para ‘soltar’, sino que ha sido como esas pequeñas perlas, que de pronto tu cabeza te va soltando y las vas escribiendo hasta que te das cuenta de que lo que has escrito es tu realidad. Vamos, lo que me pasó con el álbum, que había anticipado todo lo que me iba a ocurrir meses después”.
Sin duda, este es un álbum nacido de un contexto y un momento concreto, que nos recuerda que, aunque debería, el artista no siempre trabaja en el escenario perfecto. La urgente descentralización musical y el deseo de volver a la tierra que lo formó no es solo una reivindicación personal: es una invitación a repensar cómo y desde dónde se crea. “Yo me alegro en cierta parte, con mi álbum, de que al final la gran mayoría está hecho en Sanlúcar, aun habiendo estado viviendo aquí (Madrid), pero porque la gran parte lo hice antes de venirme para acá. No llevo ni un año aquí, pero si tengo que hacer cosas, prefiero hacerlas abajo porque sé que nadie a nadie le va a importar de ninguna forma, pero en mi caso es como la energía: si estoy proyectando una energía que al final bebe mucho de lo que soy, hacerla aquí… Llámalo también algo espiritual, no se conecta igual. Aquí salen las cosas de la misma manera, no bebemos el agua que tenemos allí, el olor a mar, las sal, o sea, todo lo que rodea al imaginario gaditano. Al artista todo le influye, aunque suene a fumada, pero si te tengo que hablar de una realidad y te estoy hablando de una historia, te estoy contextualizando y, lo mismo, te estoy hablando del bullying, quiero estar en el sitio donde me lo han hecho. Es la mejor forma de contarlo. Una vez te vienes aquí, la vida en Madrid te disocia completamente, empiezas a vivir una realidad alterna que no tiene nada que ver con la tuya. De siempre. Y creo que es lo más importante, siempre volver a tus raíces. Lo que te digo: intentar volver siempre a la tierra, y ojalá volvamos todos y que le den por culo a la capital, se quede vacía y la gente de Madrid puede tener alquileres baratos”.
‘Dios Dirá, Dios Proveerá’ es la prueba de que un artista se construye en el movimiento, en la curiosidad y en la vulnerabilidad. Curro no concibe su sonido como una fórmula cerrada, sino como un proceso vivo que se reinventa con cada etapa. Este segundo álbum es un retrato del presente para un artista que seguirá explorando, seguirá arriesgando y seguirá dialogando con sus raíces, incluso cuando su sonido se alejara de estas. Porque, como él mismo apunta, el tiempo define al artista. Quien tiene un porqué, soporta cualquier cómo.
Texto: Alejandro Alemañ