GlorySixVain lanza un lamento premonitorio en 'Roomie 313'

Hace ya más de tres años desde la última vez que entrevistamos a GlorySixVain en Fleek. Acababa de dar a luz a su EP ‘Me quito de rookie pa conseguirte las zapas con pelo de furby’, una mezcla de sonidos sintéticos, rezos y ‘samples’ que se convirtió en una demostración más de que, en la música, (y también en la vida) el barcelonés siempre va a hacer lo que le dé la gana.

Hoy volvemos a tenerlo delante, y aprovechamos para conversar sobre aquello que muestra, lo que oculta y lo que escapa de su alma. ‘Roomie 313’, su último proyecto, se mueve entre lo sintético, lo robótico, lo sugerente y lo melancólico a partes iguales. Y es que Glory es especialista en traducir su esencia en sonido, en poner voz y ritmo a sus dolores y alegrías, sin preocuparse por mucho más que por ser auténtico.

Ya has hecho bastantes entrevistas, la gente ya te conoce. ¿Te sientes cómodo frente a las cámaras?

Pues depende del día y de la entrevista, claro. Si me estás plantando delante un camarote de 10.000 pavos y no me queda otra opción que mirar, claro que me cuesta (risas). Pero si es rollo chill, así como estamos ahora, pues a gusto.

 

¿Dirías que eres una persona extrovertida?

Bueno, yo nací siendo muy introvertido, pero la música me ha cambiado mucho en ese aspecto. Al final es algo natural. Soy un chaval bastante calmado, positivo y amigable, creo que más bien me describiría así.

 

Me da curiosidad saber qué piensas sobre la distinción entre la persona y el personaje en los artistas. Yo creo que el segundo no puede formarse si no está en sintonía con el primero.

Sí, yo pienso igual. En mi caso, soy un 80% persona y un 20% personaje, por decirte algo (risas). Yo no hago mucha distinción, no hay mentira ahí. Al final cantamos sobre lo que somos y lo que sentimos.

 

Eres de Santaco, pero tienes familia andaluza, ¿no? Tu abuelita, que la quieres mucho. ¿Barcelona o Andalucía?

Uf, está difícil. Andalucía me ha tratado muy bien, pero quiero serle fiel a mi tierra de origen, que es mi casa. No puedo escoger.

 

En Barcelona sois más cerrados, o eso dicen.

Sí, es la fama que tiene (risas). No se puede comparar Barcelona con Andalucía, porque tú conoces a un andaluz y te abre las puertas de su casa el primer día. Aquí, en Barcelona, cuesta más. Yo vengo de familia xarnega, como decimos aquí en Barcelona, y esa parte siempre me ha enseñado a ser más abierto con la gente, a confiar más, a buscar el lado positivo de las cosas. En Barcelona hay mucho xarnego, al menos en mi barrio, entonces creo que los valores vienen de fuera. La gente que ha nacido en Cataluña es otra historia.

 

Hace poco contabas que te importaba mucho la opinión de tus padres, y que eso te cohibía a la hora de enseñarles tu música.

Sí, es cierto.

 

¿Ese miedo te limita a la hora de crear?

Sinceramente, creo que ya me he quitado un poco la paranoia que tenía. Hace poco les invité por primera vez a un concierto, aquí en Barcelona, en nuestra casa. Ellos nunca me habían escuchado, pero siento que ya estoy en una nueva etapa musical y quise empezarla con otro pie, sin ataduras.

Les invité para que vieran que lo que está pasando es real, y al final les encantó. Quizá ese miedo era solo mío, me limitaba yo mismo, porque mis padres nunca me han negado nada.

Entonces, has roto una barrera mental muy importante. Qué bien.

Sí, completamente. Ahora ya sé que me apoyan siempre, y eso me ayuda mucho. Soy una persona bastante afortunada.

 

Pero dices que más de lo que te mereces.

Bueno, sí. Creo que es inevitable preguntarse por qué tú sí y otros no. Hay mucha gente haciendo música a día de hoy, chavales que lo intentan y no lo consiguen, y a mí se me ha dado. Luego sale mi ego, y me recuerda que soy la polla (risas). Es una dualidad.

 

¿Cuál es la clave de ese éxito?

Yo es que llevo algo por dentro y sé cómo sacarlo para que conecte con la gente. Supongo que la clave es tener esa magia, esa capacidad de conectar.

 

En tu proceso creativo, primero buscas la estética y luego el significado. ¿Cómo es eso?

Pues mira, mi cabeza siempre recoge la inspiración de algún sitio random. Por ejemplo, voy paseando por la calle, veo un abuelo que me transmite ternura, llego a mi casa y sin querer mi cerebro ya tiene ideas nuevas. Es como que lo interiorizo, distingo entre lo que está guapo y lo que no, y lo desarrollo.

 

¿Siempre ha sido así?

Yo creo que sí. Con ‘Yela’, mi anterior álbum, me pasó algo parecido. No sé de dónde salió, pero lo repetí en varios temas, y dije, pues ya está, y así se quedó. Luego lo rebauticé como ‘Ya estoy lejos amor’. Por eso lo de buscar la estética antes que el significado.

 

Eso es guay. Una vez, un chaval que también hace música, me dijo que las ideas siempre te rodean, pero lo importante es saber atraparlas.

Es exactamente eso. Los artistas tenemos una sensibilidad más desarrollada, algunos la muestran públicamente, otros la llevan escondida en su interior. Pero esto es así. Yo soy muy sensible, y eso me ayuda mucho a la hora de crear mi realidad a través de la música.

 

¿Hablamos sobre tu cadena de valores?

Lo que más me importa en esta vida es mi familia, me gusta mucho cuidar los entornos familiares. Ahí incluyo a mis colegas y a mi pareja también. Les quiero mucho, por eso, cuando algo se pierde o se rompe, me duele tanto.

 

Ya percibo que eres una persona bastante amorosa.

Pues sí, lo soy (risas). Bastante, bastante.

 

Está muy bien, hay que querer a la gente. A propósito, tus colegas y tú tenéis una marca de ropa, Sixssion. ¿Música o moda?

Música, siempre. La moda me gusta mucho, pero lo que me toca de verdad es la música. Aunque está muy relacionado, no te creas. Yo siempre intento acoplar la una a la otra, y dependiendo de la temporada en la que esté musicalmente, mi vestuario es uno u otro. La ropa tiene que acompañar, es un sello de identidad. Aunque de tantos cambios, mi armario ya ha pasado a ser un vestidor (risas). No sé qué será lo siguiente.

 

Es que no hay mayor expresión de uno mismo que la ropa. Supongo que eso tiene que ir en coherencia con lo que se quiere transmitir.

Claro, eso es. Y más con los artistas, que al final somos una imagen.

 

Una imagen compartida, en vuestro caso, dentro de La Vendicion. Aunque me han dicho que es un sello súper libre e independiente.

Sí, así es. Para mí es como una familia, la verdad. No sé cómo funcionarán otros sellos, pero ellos se implican mucho para que el artista esté cómodo y sea libre. Hay mucho cuidado, tanto a nivel artístico como psicológico. Eso se agradece.

 

Ahora que lo dices, me parece súper curioso que tengáis un psicólogo dentro del sello.

Es una psicóloga, la terapeuta de Fernando. Supongo que en su proceso de rehabilitación personal se daría cuenta de que es importante cuidar la salud mental de los artistas, y por eso nos da la posibilidad de hablar con una persona especializada en tratar temas del mundillo.

 

¿Hablas mucho con ella?

Últimamente no tanto, porque estoy muy bien, creo (risas). Normalmente es ella la que contacta conmigo para ver si necesito algo. Lo que más me gusta es que me siento realmente comprendido; he ido a más psicólogos, y hacen ver como que te entienden, pero no es lo mismo.

 

Supongo entonces que compartirás la idea de Fernando.

Sí, aunque creo que para ser artista tienes que dejarte llevar y estar un poco tocado de la cabeza sin que nadie te cure. Pero bueno, supongo que hay momentos en los que también es necesario frenar un poco y ordenar las ideas.

‘Roomie 313’, su última y más sincera creación, es un proyecto empapado de dolor y romanticismo que transforma su carga emocional en una melancolía hermética. Glory se envuelve en sintetizadores y se deja llevar, imaginando un dolor que aún no se ha materializado, pero que él ya siente como real.

“Cuando empecé a construir el álbum estaba conociendo a mi novia, y el proceso creativo ha durado desde que la conocí hasta que empezamos a salir. Por eso compongo sobre situaciones, formas de reaccionar, lo que creo que sucedería y cómo me sentiría si eso pasara”, revela.

Ese pulso entre la realidad y lo imaginario muestra una pena intrínseca, casi premonitoria, seguida de una evolución natural que aún le sitúa como uno de los pilares underground que pilotan la escena de lo experimental.

Háblame de ‘Soñando’, la intro. ¿Qué ves ahí?

En ese tema imagino lo que pasaría con ella, con nosotros. Cómo reaccionaría si todo acabara, estoy soñándolo. Por ejemplo, en ‘Summer Final Final Fantasy’, el tema con el que cierro, me inspiro en su marcha, en la distancia, porque ella se ha ido este año de Erasmus, y la verdad es que se me hace duro. Hay un punto imaginario, pero también de realidad.

 

¿Hasta qué punto el dolor puede imaginarse y sentirse como si fuera real?

Bueno, yo en la música soy muy imaginativo, me gusta crear en base a situaciones bonitas y feas, cosas buenas y malas, hayan sucedido o no. Supongo que es parte de mi esencia.

 

Como en la portada, en la que le pones corazón a un robot.

Sí, ese robot es mi pinocho, mi monstruo de Frankenstein. Le doy mi corazón para que evolucione y espabile, para que haga todo lo que yo no me he atrevido a hacer.

 

Supongo que todo esto es fruto de un mundo interior muy complejo.

Sí, se podría decir (risas). A mí me gusta utilizar el micro como si fuera un teléfono, y por eso me veo capaz de transmitir así mis emociones. Si hablas con alguien por teléfono, aunque no le veas la cara, sabes si está sonriendo, o llorando. Por eso lo siento como algo real, porque sale de lo más auténtico de mí.

 

¿En qué punto estás después de lanzar tu proyecto más personal?

Con todo el tiempo que llevo en la música, diría que estoy siendo lo más natural posible. Por fin me muestro sin vergüenza, tal y como soy. Eso me enorgullece y me mola, ver como al fin he roto el hielo después de tantos años intentándolo.

 

¿Antes eras menos real?

No, para nada. Yo siempre he cantado sobre lo que me pasa, pero en este álbum no me ha dado reparo mostrar mi auténtica sensibilidad, mis miedos, lo que siento de verdad. Por ejemplo, antes no me atrevía a usar los registros de voz que utilizo en ‘Roomie 313’; sentía que debía sonar más bacano, más vacilón, ya sabes. Ahora ya no.

 

Hace unos años nos contabas que tus inspiraciones eran la familia, el amor y el desarrollo personal. ¿Ha cambiado algo?

No, creo que todo sigue igual. Al final eso es lo que soy, lo que me mueve. Yo sigo siendo igual de familiar y de amoroso que siempre (risas). Lo del desarrollo personal me da un poco más de pereza, pero sí.

 

¿Y en tu música?

En eso sí, han cambiado muchas cosas, sobre todo la calidad, el saber elegir un buen equipo y saber expresar mucho mejor lo que llevo por dentro. Siento que todo está más maduro, pero es raro, porque en mi cabeza ha sido de un día para otro. Como hacer una maratón y de repente ver todo atrás.

Se me hace raro ver un disco con tan pocas colaboraciones.

Eso es porque el álbum tiene un punto de reivindicación muy fuerte, al ser tan personal. Y porque estoy un poco hasta la polla de los artistas que fuerzan colaboraciones para conseguir números cuando a veces no tienen sentido.

Al principio quería hacerlo solo, pero también quería darle frescura metiendo otras voces. Con Guxo en ‘20boots’ y Yung Beef y El Mini en ‘Quizás No’ es suficiente, no me hacía falta más para sentirlo completo.

 

‘Quizás No’ tiene un estilo distinto. Más salvaje, más animado.

Ese tema es el toque de atención, por eso está en la mitad del disco. Es como, oye, qué pasa aquí. ‘Roomie 313’ es un análisis de las diferentes maneras de ver el amor, y para mí esa es otra de ellas. Es como cuando alguien se mete en tu vida a la fuerza, sin que tú quieras ni puedas controlarlo.

 

¿Cómo surgió esa conexión?

Yo ya tenía grabada la demo, que era un rollo muy parecido a ‘Rappin2Ya’, el tema que tienen ellos dos en ‘ADROMICFMS 1’. Le di vueltas y dije, joder, molaría mucho montarles.

Al final le dimos otra vuelta, y salió otra cosa. Pero me hizo mucha gracia, porque Fernando le dijo al Mini, venga, vamos a grabarnos el tema de los Kefta (risas). Me hizo gracia, fue muy guay que hiciera esa referencia, que le haya llegado así. Se sintió como colarse en la línea del tiempo y volver a aquella época.

 

Quédate con un solo tema del disco. Tu favorito.

Me quedo con ‘Igualitos’, aunque yo creo que ese tema no le mola tanto a la gente, no sé. Siento que no se entiende tanto lo que quiero transmitir, pero para mí tiene todo el sentido, con eso me vale.

 

Entonces, ¿cuál es el trasfondo de todo esto?

Yo hago música por y para mí, y por eso las interpretaciones de mis temas son libres, no hay un sentido concreto. Este disco es para disfrutar, y a mí me ha servido para darme cuenta del mundo que soy capaz de crear. Si me viera mi ‘yo’ de hace unos años se reiría, y yo le diría: “mira, campeón, lo que acabamos de hacer”. Supongo que dentro de unos años me pasará lo mismo. Aquí no se para.