BBO’ ya está en la calle. Terminó la espera, terminaron las desesperaciones, terminó el meterse en Youtube para oír los leaks de las canciones que rapeó durante la gira conjunta con Ébano. Terminó todo eso. Porque un miércoles cualquiera, por fin, Hoke y Louis Amoeba lanzaron uno de los álbumes más ansiados del año que los ratifica como dos figuras de peso y respetadas dentro del juego.

Hacía tiempo que no se vivía una catarsis colectiva de tal magnitud en el paisaje del rap español. Tanto previamente como posteriormente a la publicación, la mayoría de peces gordos del género apoyaron a Hoke y le transmitieron su enhorabuena por el disco. Raperos de esta generación, de la anterior, de la anterior a la anterior. Todos los ojos estaban en él. Había un hype y un hermetismo en cuanto al disco descomunal, y ya sabemos el arma de doble filo que supone eso. Aún con que cantara medio disco en la gira con Ébano, aún postergándolo hasta el infinito, aún con unas expectativas altísimas, aún con todo eso, el álbum es tan bueno que ha rebasado todo.

A lo largo de este artículo lo recorreremos, viajaremos por algunas de sus referencias, su temática, algún que otro dato todavía no revelado y palparemos todas las aristas que convierten a este trabajo en un orbe que aporta otros brillos al rap español. Acompáñenme en esta vuelta olímpica.


MENOS RUIDO, MÁS ATENCIÓN

Antes que nada, esto es algo no se puede obviar: uno de los motivos que contribuyen a realzar el personaje de Hoke y Louis Amoeba cada vez que sacan o anuncian música es su aura de misterio-hermetismo. Siempre en perfil bajo. Pensar en ellos es pensar en dos personas que parecen vivir ajenas a todo. No hacen ruido por redes sociales, no son plastas y hablan lo justo y necesario -cosa que se agradece-. Parecen estar a lo suyo, haciendo música y fumando tranquilos sus tarritos de Iceolator. En una época forzada a la sobreestimulación e interacción permanente en las redes sociales, publicar lo justo y necesario es lo que, paradójicamente, puede proporcionarte más atención. Y así ha sido. Fueron escasas, pero cada publicación suya era un termómetro con el que medir la gran cantidad de artistas que estaban pendientes de él, y el nivel de expectación que se generaba alrededor de los comentarios. Lo dicho, era mucha, y no han defraudado. Fijaos si han tardado en sacarlo que hasta la Reina Isabel II falleció antes. La mujer que lo vio todo no llegó a bumpear ‘BBO’, una pena.

Antes de ir con la temática del álbum, hay un aspecto que me parece importante de tratar por el bien de la escena rap española y su crecimiento sano, fuerte y sobre todo honesto. Voy a echarla al suelo y a huir de grandilocuencias y juicios prematuros como ya he visto por ahí. Escribía mi buen amigo y periodista Santiago Cembrano en Twitter que, por definición, un disco recién publicado no puede adquirir la etiqueta de ‘clásico’, aunque sea un disco soberbio, excelente, que te haga saltar hasta quebrarte las piernas. Porque esa etiqueta solo la otorga el tiempo, que demuestra si ha tenido o no impacto a lo largo del género y si ha influido en él de alguna manera a lo largo de los años con las generaciones venideras. Las denominaciones y palabras importan si queremos una comunidad decente así que, como él decía, calificar un álbum de ‘clásico’ a la ligera no hace más que demeritar a los que verdaderamente sí son clásicos. “Si todos los discos buenos son clásicos, entonces es una distinción con poco peso que no dice mucho”, comentaba Cembrano. Se puede llorar con un álbum, se puede decir que es lo mejor que has escuchado en tu vida y se puede escuchar trescientas veces sin parar como yo he hecho. Entiendo -y comparto- la euforia colectiva por un trabajo tan ansiado y que al final ha sido redondo, pero considero excesivo, hasta quizás un poco infantil, colocar de forma tan tajante etiquetas como “¡¡¡El álbum de la década!!!”, “Esta es la barra del lustro”, “¡¡¡La resurrección del rap!!!” y cosas por el estilo. Primero, porque es someter a los artistas a una presión con unos estándares absurdos que deben ser superados cuando lancen sus próximos trabajos, y segundo, porque se puede alabar igualmente un trabajo aunque de manera más seria, porque de la otra forma queda bonito y contundente, pero en realidad es nocivo y poco creíble.

BBO: MARATÓN A CONTRARRELOJ

‘BBO’, en esencia, tiene dos columnas temáticas que lo sostienen: por un lado la metáfora olímpica de competición en el rap game contra sus rivales, y por otro, es una maratón a contrarreloj contra la vida. Correr para sobrevivir, hasta quedar exhausto, en la maratón permanente que es la vida. Una carrera para huir del brazo opresor de este sistema, que fuerza a los jóvenes a buscarse la vida sin descanso y a madurar más temprano de lo previsto. Por eso, “BBO es para los niños que van de mayores”, y por eso tantas personas pueden reflejarse en él. Al final es el sentir de una generación. Música para buscavidas, música para ponerse la capucha, en casa o en los callejones. “Día tres, tiene que llegar a más, tiene que llegar al mes, tiene que llegar a tiempo, no hay tiempo, llega la factura del gas, piensa la factura en G’s”, rapea en Chorbo Real. O en Five O, “niños de autofloración, crecieron rápido, desde los 16 duermen seis como máximo”.

En esta misma línea se sitúa lo que expresa en ‘Desamparados’: “estoy solo en esto, siempre que me acuesto tengo a lot of questions, en el polo opuesto con un polo puesto […] mucho cardio ¿no me viste?, desamparados por la virgen”. En este sentido, ‘BBO’ es primo hermano de ‘Last 2 People On Earth’, ya que poseen de fondo temáticas similares pero diferentes en tiempo y forma. De hecho, hay guiños a ‘L2POE’. Así, en Automático pronuncia «la línea de meta es la salida«. Esto es un subtema que también está recogido en el disco, la idea de que la meta no es el final, y aunque se llegue a ella, siempre surgirá otra. Por ello, existir siempre es un bucle y la línea de meta no es más que el punto de partida hacia una nueva carrera contra otros aspectos de la vida. Esto se ve en que el álbum finaliza en Santo con el mismo soniquete de interferencia que le da comienzo en ‘Ojo de halcón‘. Todo es un ciclo. Y a su vez, ese mismo sonido que se escucha al principio proviene del final de ‘No gifts allowed’, enlazando así con el inicio de ‘BBO’. Qué decir, la cosecha mágica de Lucho.

Además, el propio Hoke subió a su cuenta personal de Twitter una imagen donde se podía leer la definición de ‘Speedrun’, que viene a ser completar una fase, una carrera o un juego en el menor tiempo posible. De hecho, hay un dato que he descubierto relacionado con todo esto y que no he visto en ningún lado: hace unos cuantos años, el atleta ugandés Joshua Cheptegui, precisamente, batió en Valencia el récord del mundo de los 10K metros con un tiempo de 26 minutos y 38 segundos. Hoke, en su carrera particular, ha batido este tiempo. Miren la duración del álbum: 26 minutos y 16 segundos. Ahí lo dejo.

Cabe mencionar también la elegante ambientación olímpica que viste todo el álbum y que ha sido diseñada por el mismo rapero. Desde la portada representando multitud de deportistas en varias disciplinas olímpicas, pasando por los canvas personalizados en Spotify, hasta los símbolos que cada canción trae aparejada. Todo ello siguiendo el mismo patrón de los anillos de cinco colores representados en la bandera olímpica. También, si se reproduce el álbum en Youtube se ve un contador simulando un cronómetro, típico de las pruebas de velocidad en el atletismo.

Como no podía ser de otra manera, las referencias al deporte son numerosas, sólo en ‘Ojo de Halcón’ -referencia a la tecnología que permite saber si una bola ha tocado fuera o dentro de la pista- ya hay unas cuantas. “Fumando en el break como Cruyff”, en referencia al mítico futbolista, que también tenía sus vicios. “En las ocho calles de siempre dando vueltas”, las pistas de atletismo tienen, como mínimo, ocho calles. “Estamos en el game como Michael Phelps”, nadador olímpico. “En la lleca, static, prendo una merca que fue de Cádiz a Marruecos como David Meca”, campeón del mundo de natación en larga distancia y que ha cruzado el Estrecho de Gibraltar un total de tres veces. En ‘TT’ rapea “todo por mi banda controlando en corto, con una bola en el pie como Ronado el gordo”, aludiendo al futbolista Ronaldo Nazario y a una bola pero, previsiblemente, de chocolate.


HOKE Y SU RUTINA: MARIHUANA, GRAFITI Y POLICÍA

¿Hay algo más rapero que hablar sobre marihuana, hustling, grafiti y policía? Las alusiones a estos cuatro temas trufan todo el imaginario de Hoke. Casi que se podría elaborar un menú stoner con todas las tipologías de hierba, hachís y extracciones que menciona:

Kush mints – ‘Chorbo Real
Gelato y Cookies and cream – ‘Five O
Fresh frozen y Live rosin – ‘Jjjj
Iceolator – ‘Desamparados
Water hash – ‘Medallones
Terpenos -son las moléculas responsables del olor de la marihuana- ‘Santo y Medallones
San Fernando Valley y Wedding cake – ‘TT
Dry sift – Olympique OG kush – ‘Santo

La metáfora de las olimpiadas-carreras-maratones también se extrapola a correr de la policía. En ‘TT’, “si ves luces por el fondo, desvíate pronto, has perdido el fondo que tenías de chorbo”.

En ‘Ojo de halcón’: “hablo verlan con la popo y con la prensa”, el verlan es una especie de lenguaje propio, un argot francés asociado a las clases bajas populares que consiste en invertir las sílabas de ciertas palabras de manera que es indescifrable para todos aquellos que no pertenezcan a los círculos donde se habla. En el estribillo de ‘Chorbo real’, “ya solo escucho a la popo venir, ya he cosio’ mucho roto, loco queda poco por decir”.

Respecto al grafiti, destaco tres referencias. La primera en TT, “mi hermanito está chinao, le han volao’ un cierre”, un cierre es un espacio típico donde se pinta, son todas esas puertas y persianas metálicas de las tiendas que se bajan por la noche para, valga la redundancia, echar el cierre. Siguiendo con esta canción, otra referencia, “en mi bolsa dos Edding -rotuladores- y Wedding cake”. Y por último, en ‘Chorbo real’, refiriéndose al tipo de pintura acrílica que se usa para firmar en multitud de superficies, apuro el acrílico y la bolsa de plástico (la marihuana). Si se fijan, mientras Hoke pronuncia esa frase, Louis Amoeba inserta un sonidito de una lata de pintura agitándose y luego pintando. Detalles de producción como este hay varios alrededor del disco, Louis Amoeba y Hoke encajan como ave en cielo. El productor ha logrado consagrarse en su indentidad, abrir nuevos acueductos sonoros y empujar el género aportando una serie de matices, aristas y brillos que van reflejándose como diamantes al sol en los oídos de quien lo escucha.

Como en una carrera de relevos generacional, con ‘BBO’ Hoke y Louis Amoeba han tomado silenciosamente el testigo de sus referentes para, a partir de ahí, continuar una carrera que aúna carisma, frescura y vanguardia.

Una adaptación del pasado a los tiempos, formatos y latidos del presente. Elegante, sencillo y sobrio en su forma; gamberro, pulcro y denso en su fondo.

BBO: bueno, bonito y olímpico. La carrera continúa.

Texto: Daniel Caballero