Chill Mafia: un colectivo guapo, majo y casi renacentista

Hace meses que los navarros se hicieron un hueco en el panorama nacional.

A pesar de que sea algo que aparentemente no les importe demasiado, ya aglutinan más de 400.000 reproducciones en su tema ‘31014’ en YouTube, 14 mil seguidores en Instagram y 47 mil oyentes mensuales en Spotify. Las cifras realmente hablan por sí solas. “Queremos generar una escena, que todo aquel que se quiera dedicar a la música pueda vivir de ello”, afirman entre todos respecto a lo que esperan que surja del proyecto. Y parece que, poco a poco, su idea va cogiendo forma.

Este 2021 han lanzado una mixtape titulada ‘Ezorregatik X Berpizkundea’, una tanda de remixes y diversos singles, de los cuales el más reciente es ‘No se K Me Pasa’, que vio la luz el pasado 26 de noviembre.

Kiliki (productor y cantante) afirma que todo comenzó “con cuidado”. Tras unas risas conjuntas, Irene (cantante) comienza a explicar que realmente el colectivo surgió “de fiesta, porque uno es amigo de otro, la otra es hermana del otro y al final te vas moviendo en los mismos círculos”. Sin embargo, Flakofonki (cantante y realizador audiovisual como ChillNobita) recuerda que, en realidad, la idea surgió después de que Tulipán (productor) se fuera a vivir al monte “de chispazo” hace un par de años. Se juntaron varios en una cena de despedida que acabó por ser el comienzo de su carrera musical. Ben Yart, al oír a Flako rememorar los inicios, comenta decepcionado: “dios… no me digáis que empezó todo en una peña…”, a lo que Kiliki responde seguro: “pero éramos nosotros apropiándonos de la peña, tío”. Ambos se miran entonces, y tras un pequeño gesto de afirmación, sonríen tranquilos.

“Cada uno aporta lo que aporta. No tenemos roles fijos, cada uno hace lo que sabe hacer y lo que mejor se le da”

Chill Mafia se autodefine como una kuadrilla, pero en el sentido más moderno de la palabra: “somos una kuadrilla inclusiva, nos hemos reapropiado de ese término”, declaran. Y es que en el colectivo todo aquel que quiera aportar es bienvenido. Sara Goxua (Dj y productora) afirma que “lo importante es que aporten buena vibra, si alguien trae a sus colegas y son majos pues palante”, a lo que rápidamente Ben Yart añade que “si no son majos, no” y todos se ríen. “De hecho, solo queremos majetones y al Suneo”, comenta.

Y es que el modus operandi desenfadado del colectivo también se traslada a su manera de trabajar: “cada uno aporta lo que aporta, no nos rallamos mucho. No tenemos roles fijos, cada uno hace lo que sabe hacer y lo que mejor se le da” comenta Sara. Kiliki puntualiza que parten “de un rollo un poco asambleario anarca. Cada uno sabe hacer sus cosillas, las hace, y luego se ponen en común”. Ben Yart añade entonces que se dividen entre “los que cantan, los que pinchan y los que no sé…”. Y es que es imposible definirlo de manera cerrada, porque todos sus integrantes acaban siendo multidisciplinares. Aquellos que producen ahora, acabaran cantando en un futuro y viceversa; y ninguno de ellos se focaliza en una sola cosa. “Irene, por ejemplo, cada vez se está metiendo más en el rollo del estilismo” afirma Sara, “y Kiliki canta, pincha y también toca los cojones”.

Lo que sí parece ser una tarea focalizada es la del diseño gráfico. De ello se encargan Etayo y Jara. “La portada de la tape de ‘Ezorregatik X Berpizkundea’ se la pedimos al Jara. Queríamos que tuviera un cuadrado en medio, de perlada. Luego a él, aún más de perladón, se le ocurrió que fuera el meme de they don’t know, aquel que tiene al pavo en la esquina en una fiesta. Es ese meme, pero con formas geométricas”, explica Kiliki, “en el colectivo nos influenciamos todos, pero siempre se deja hacer, y siempre les sale algo que nos cuadre al resto”.

El proceso creativo del grupo –a la hora de componer o de cualquier otra actividad– queda reflejado que es, cuanto menos, diverso: “hay muchas formas de hacerlo. No nos gusta cerrarnos a un género solo, no nos gusta tampoco cerrarnos a una forma de componer. Hay canciones que salen de juntarnos todos, pero hay otras como ‘No se K me Pasa’ que salió estando Ben Yart y yo en Bilbo, probando muchos tipos de flow distintos”, comenta Kiliki. “Eso es, tampoco es como que vayamos a quedar para hacer música”, añade Irene. “Ea, si sale algo guapo cuando nos juntamos y que pueda aprovecharse, se hace” remata Ben Yart.

Al preguntarles, entonces, cómo se definirían, Flakofonki comenta entre risas: “pues eso, majos y guapos”. Y es que a nivel sónico tampoco pueden encasillarse. “Estamos en el techno-pop folklórico sinfónico” declara Kiliki de manera irónica, a lo que Ben Yart responde: ‘Ay k Emoción’, por ejemplo, no es nada folclórica”. A eso, Irene apunta: “yo no hago cosas folclóricas, primo”. Cada uno de ellos escucha y se nutre de música muy distinta, y por ello es difícil también definir su estilo.

“Es más quién hay detrás de lo que estamos haciendo que lo que estamos haciendo, es como si vas a una exposición de un artista y hay un poco de todo”, explica Ben Yart. “Como los artistas del renacimiento, que hacían pintura, escultura, arquitectura… realmente somos como Da Vinci”, añade Irene. En aquel momento, y sin darse cuenta, ya habían comenzado a definirse, culminando con la reflexión de Kiliki: “somos un colectivo que nos damos apoyo a nosotros mismos. Ofrecemos una infraestructura para que las carreras de cada uno tomen forma, y el primer disco es una juntera de todo, por eso salió así de heterogéneo”, afirma.

Chill Mafia, entonces, podría decirse que es colectivo que da voz a todo aquel que lo necesite, apoyando el proyecto personal de sus integrantes bajo el paraguas identitario del grupo, que cada vez tiene más peso.

En esa misma línea, todos declaran que no sabrían decir qué referentes concretos han tenido para su música a día de hoy. “Mis referentes son muchos, no me acuerdo ni de quiénes son. Si como artista tienes muy claro quién es tu referente a día de hoy, aún estás muy verde”, comenta Ben Yart. Sin embargo, Kiliki sí que confiesa entre risas que para las barras “se copia” mucho de Eskorbuto: “creo que son las personas que mejores letras han hecho en Euskal Herrria hasta ahora. Desde luego más que Berri Txarrak… A parte de eso, lo guapo es nutrirte de mil movidas para poder crear un discurso más o menos propio”.

Sin embargo, en sus inicios sí que declararon que querían seguir el estilo de artistas que se reapropiaban del folklore como los gallegos Boyanka Kostova o Califato ¾. Ahora la visión del nicho que suplirá la Chill Mafia ha cambiado: “antes de la primera tape queríamos hacer algo mucho más tradicional, pensábamos que tirarnos una perlada de hacer lo que estaban haciendo artistas como Boyanka a modo euskaldún sería muy interesante. Ahora eso ya se ha difuminado”, explica Flakofonki.

Y es que si por algo se caracteriza el colectivo es por tocar una gran variedad de géneros que van desde el postpunk al reggaetón. De hecho, Irene afirma lo siguiente: “el reggaetón es con lo que mejor me lo paso, mira que he hecho bien de cosas rarísimas, pero es con lo que más cómoda estoy. Y eso que aún no tengo canciones de reggaetón sacadas, pero todo llega”. Mientras, Sara comenta que, por ejemplo, disfruta mucho más produciendo un tema que tenga unos graves y subgraves potentes.

“Yo la verdad es que no me quedaría con ningún tema nuestro concreto. En todo caso, me quedaría muy poco rato con cada uno. Antes del éxito tenía mis favoritos, pero ahora… el otro día escuché ‘Mañaneo’ en casa de una amiga y pensé que la quiten, primo, ahí está otra vez el tío ese” comenta Ben Yart mientras recrea la escena con aspavientos. Kiliki en ese sentido, está de acuerdo: “no me puedo quedar con ninguna canción mía porque estoy tan hasta la polla de cantarlas… por eso estoy haciendo música nueva, para no aburrirme”.

Todos coinciden, pues, en que los temas con los que más disfrutan ahora son aquellos que aún no han sacado. “Cada vez que haces una canción que te gusta es la canción del momento, hasta que sale y piensas ‘bueno a por otra’”, comenta Irene.

A pesar de que ellos ya estén cansados de sus canciones actuales, gran parte del público que les escucha en la actualidad, tan solo está empezando a quemarlas. De hecho, pincharon “Ay k Emocion (Remix)” en la última Boiler Room de Barcelona. “Somos influencia, hemos hecho que chavales de dieciséis años se metan por primera vez”, comenta Flakofonki irónicamente, a lo que Kiliki añade entre risas: “ah, y también pusimos el terrorismo de moda”.

Sin embargo, todos coinciden en que no se consideran precursores de una escena nueva ni pioneros en ningún estilo concreto. “No nos lo consideramos, pero lo somos, aunque no queramos. No es nuestra culpa”, afirman.

Lo que sí es indudable es que Chill Mafia ha crecido y ha adquirido presencia en muy poco tiempo. Ellos afirman que “aún están en ello” y que “si les damos un añico más entonces sí que estarán bien de pegaos”. Además, coinciden en que tienen una frescura característica, que es lo que les ha hecho triunfar, y que han suplido un nicho concreto. Kiliki afirma irónicamente: “está claro, encima Berri Txarrak ya lo ha dejado y los españoles necesitan al grupo en euskera pegado por excelencia. Los catalanes necesitan sentirse antisistema, ¿sabes?”.

Y es que la Chill Mafia, aunque no quiera, representa a la juventud navarra y la cultura con su música. “Somos jóvenes navarros así que, queramos o no, sí que somos un reflejo. Nos va a representar siempre subconscientemente, porque gran parte de lo que eres tiene que ver con dónde naces”. Sara acaba apuntando que la respuesta buena a si son reflejo de los jóvenes navarros es “jarto”.

“Aún estamos en ello, si nos dais un añico más sí que estaremos bien de pegaos”

Sin embargo, a pesar de ser una evidente muestra de lo que es la comunidad foral, Chill Mafia es muy crítica con todo lo que le rodea. No nos callamos la boca con nada, si entre nosotros hay algo que no nos gusta también nos lo decimos, con más tacto que en la performance, pero lo decimos” coinciden. “Es que somos más sensibles a la vergüenza ajena que el copón, entonces, a nada que haya algo con un mínimo de eso nos saltan las alarmas, nos da el estrés”, concluye Kiliki.

“Sinceramente de todo esto esperamos que todo aquel que se quiera dedicar a la música se pueda dedicar a ella. Que quien pueda sacar un pedacito de esto y vivir de ello que lo haga” declaran entre todos. Ben Yart comenta además que “ahí es donde se genera algo de verdad, y no de ocho a cinco en la fábrica e intentando ver si uno saca un rato para hacerse el rapero después”.

Lo realmente importante del proyecto para ellos es que pueda amparar a los que se quieran dedicar a la música a posteriori. Ese es su plan conjunto a largo plazo, aunque –tal y como declara Ben Yart– para eso, primero tenemos que conseguirlo nosotros”. Pero con un nuevo álbum grupal en camino, diversas colaboraciones para mixtapes en solitario y muchas, muchas ideas; parece ser que cada vez están a menos de conseguirlo. De hecho, probablemente ya hayan empezado a lograrlo.

Texto: Elena López Pérez

Fotografías: Gonza Lima