Dano y Aleix Barau: el porqué de su amor eterno al Croco

Lacoste es una de las marcas que, a pesar de sus orígenes, ligados completamente al tenis, ha tenido un gran calado en los barrios de todo el mundo. La firma francesa simboliza el savoir faire, la elegancia y, por consiguiente, una proyección del estilo de vida y el escalafón social ansiado. Si los de ‘arriba’ llevan el cocodrilo, ¿por qué no pueden llevarlo los de ‘abajo’?

Y si esto es un sentimiento que todavía se respira aún habiendo pasado 20-30 años, imagínate la escena francesa de rap de los 80s y 90s. El momento exacto cuando los B-boys que saltaban de una marca a otra según se ponía de moda y desaparecía, se encuentran con los primeros chándales producidos por Lacoste. Aquí llega el clic inesperado, el momento en el que comenzaban a descontextualizar las prendas, y casi una marca completa, para ponérselos para bailar y subvertir los códigos.

Esto hizo más fácil que Lacoste se introdujera de lleno en el Hip Hop, creando con la música una de las relaciones más largas, fructíferas y en ocasiones no deseadas de la historia de la moda. Probablemente Lacoste tenía otro plan en la cabeza cuando desarrolló este tipo de piezas, pero por suerte para ellos se encontraron con un segmento de la población que se ‘adueñó’ de una marca que hasta ese momento les había dejado de lado.

Concretamente en Francia, grupos como Ärsenik, La Cliqua y Ministère AMER fueron grandes abanderados de Lacoste, creando casi una religión alrededor del aligator. Por aquella época, no hubo portada, shooting y videoclip en los que no se les viera luciendo con orgullo croco polos. Looks deportivos reinterpretados desde los suburbios, tal y como se puede ver en la película de culto ‘L’Haine’, reflejo absoluto de lo que comentamos. Aquí, personajes como Vinz, Saïd y el hermano de este último llevan Lacoste: el primero polo, el segundo polo y gorro y el tercero chaqueta.

En España, solo los diggers, curiosos y más espabilados iban entendiendo lo que se cocinaba a no muchos kilómetros. Dano, músico, y Aleix Barau, fotógrafo, fueron dos de ellos, creando poco a poco una relación de afinidad con Lacoste que ha hecho que la firma haya contado con ellos para realizar un viaje muy especial a París. Ambos son verdaderos locos del cocodrilo, con piezas en su colección que dejarían boquiabiertos a cualquier experto del archivo de la firma francesa.

Antes de contaros todo sobre la experiencia única que vivieron, decidimos cruzarnos varias notas de audio con ellos y conocer de primera mano el por qué de ese interés y la razón por la cual su vínculo con Lacoste sigue intacto.

¿Cuál fue la primera pieza de Lacoste que tuvo Dano?

OG’S, estética, outlets en casa, simbolismo y amigos de los descuentos de cinco dedos. Códigos sobre códigos. Quizás resulte complicado asimilar estos conceptos actualmente, pero realmente la vida no ha cambiado tanto.

Cuerpos llegan y cuerpos se van, pero las emociones y la forma de sentirlo se mantiene.

En el caso de Aleix, enfatiza en el momento coleccionismo para volver a la primera prenda que realmente hizo que su relación con Lacoste cambiara y no fuera meramente la de cliente-marca.

Ese full kit comprado en un outlet, datado del 2002, ya le dio acceso a unos códigos muy concretos. Aleix no era consciente por aquella época de la fuente original de aquello, pero aún así se mantenía esa intención de emular lo que estuviera por encima, en su caso los chavales más mayores que complementaban el look con motos, sellos y cadenas de oro.

 

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¿Cuál es el primer recuerdo de Lacoste que tiene Aleix?

El polo L.12.12 es toda una insignia para Lacoste, pero si encima a esto le sumas un componente emocional, el resultado no es otro que una unión vitalicia.

Aleix no solo tenía a esos chavales de barrio que mencionaba antes como primeros valedores, ya que en su propia casa, en la figura de su padre, ya existía esa reflejo en el que mirarse. La magia de conectar de verdad da pie a una obsesión sana y a una fidelidad sin pretensiones y 100% orgánica.

Esta visión va completamente en la línea con el pensamiento de Dano. El de Ziontifik pone la atención en esa working class, la rebeldía y el orgullo de conseguir una cosa que se te niega.

Tomar aquello que te corresponde por derecho propio sin preguntar ni dar explicaciones.

¿Por qué Lacoste no ha representado solo una etapa más en la vida de Dano y Aleix?

Con 15 o 16 años, todos hemos pasado por diferentes etapas estéticas. La búsqueda de la personalidad es un arduo viaje que nos hace dar volantazos sin aparentemente ninguna dirección clara. Por ello, es muy habitual que cada mes nos interese un esitlo, un grupo de música y un género de películas diferente. En el caso de Dano y Aleix, esto con Lacoste no ha sucedido.

La marca no forma solo parte de un look concreto, es LA parte que hace que todo tenga sentido. Lo que hace que el resto encaje. Para los dos, Lacoste no fue una moda en esa búsqueda de identidad, ya que representa la identidad completa. No hay más que ver la portada de ‘Veneno’, tal y como menciona el propio Dano.

Esto es solo el comienzo del viaje. La intro de una película en la que Dano y Aleix cumplen un sueño: ir al lugar donde nació Lacoste y convertirse en dos de las poquísimas personas externas a la firma que visitan las entrañas de la fábrica de Troyes.

La primera y más antigua fábrica de Lacoste se ha mantenido hermética para la mayor parte del mundo, guardando el archivo completo de una marca con casi 100 años de historia.

Te puedes hacer una idea de cómo han disfrutado de una experiencia que incluyó además un partido de Rafa Nadal en Roland Garros y una visita a la recién inaugurada flagship de Lacoste en los Campos Elíseos.

 

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To be continued.