Villano Antillano: “El planeta está prendido en fuego, ¿y el problema es dónde vaya yo a mear?”

Villana es un ser delicado y resistente. Baila en ese limbo, se sale de la norma y rompe esquemas patriarcales sin preocuparse demasiado. Ella lo tiene muy claro: si te molesta lo que hace, es tu problema.

Le pregunto si realmente se siente como una villana; su mirada me transmite dulzura, y me cuesta creer que detrás de esos ojos se esconda un atisbo de maldad. Ella suelta una risa socarrona, y me responde con calma. “Fue la vida la que me puso ese nombre, yo soy una anti-heroína, y tengo mis razones para ser malévola”.

La artista no tiene necesidad de ocultarse; ya ha sufrido mucho, y reventar el molde es su manera de gritarle al mundo que nunca más se sentirá humillada ni sometida.Villano Antillano no es un personaje, es mi esencia. Mi nombre se ha convertido en un proyecto de arte contemporáneo, representa a un corillo de mujeres, de gente ‘queer’ y ‘trans’ que busca su sitio. Se nos ha ido de las manos”, cuenta orgullosa.

El incendio que quema la industria musical se ha convertido en algo imparable. Su fuego es imposible de apagar; si intentas hacerlo, te quemarás, y ella reirá viéndolo todo arder.

Hablamos otra vez contigo, con Villana Santiago, con Villano Antillano. Al fin y al cabo, sois lo mismo, ¿no?

Sí, siempre digo que no soy un personaje, pero es cierto que en este último tiempo el significado ha ido evolucionando. Villano Antillano somos todas las mujeres que componemos este proyecto, la gente del colectivo, también los fans. Tras los bastidores siempre hay hombres cuarentones que ven a tres o cuatro transexuales y piensan: ¿y Villano quién es? No sé, es una metáfora de cómo la sociedad nos aplana y nos transforma en una cosa abstracta. Ahora diferencio más entre mi vida personal y mi proyecto, que yase nos ha ido de las manos por lo mucho que ha crecido y se ha convertido en una entidad disponible para todo aquel que la comprenda, quiera acceder o ser parte de ella.

 

Encuentras libre expresión en lo sexual, de hecho hace pocos meses contabas en El País que es tu mayor fuente de ingresos. ¿Qué significa para ti ganarte la vida de esa forma?

Bueno, aún dentro de ese espacio me gusta recalcar que me encuentro en una posición privilegiada. Yo siempre he sido trabajadora sexual, incluso antes de ser conocida en la música, pero antes era más peligroso, por así decirlo. El hecho de que siempre nos empujen a los márgenes puede obligarnos a subsistir de esa forma, porque las mujeres como yo estamos muy sexualizadas. Yo sé que el mercado está ahí, y lo aprovecho. Nadie me toca, subo mis fotos tranquilamente, y ya. Lo utilizo como un espacio que me ayuda a seguir en marcha con mi vida y mis proyectos.

 

Me genera controversia, porque en otras ocasiones has comentado que no te has sentido cómoda con la fetichización a la que puedes verte sometida. ¿Qué sucede con esas dos partes tuyas que, en cierto modo, se enfrentan?

Creo que con el tiempo me he suavizado un poco con respecto a ese tema. Quizá es un mecanismo de defensa, pero digo, okey, si soy un fetiche, pues voy a aprovecharlo. Siento que es mi oportunidad de contraatacar, porque si estos puercos están para soltar billete y yo puedo estar en una mejor posición, adelante. ¿Por qué no? El arma del deseo es muy poderosa.

 

Pero tu principal arma es la música. Gritas lo que te duele, y con mucha rabia.

Sí, exacto. Yo soy una artista de nacimiento, de corazón, a mi todo se me brota. Ser una mujer trans dentro de la industria es algo horrible, una se enfrenta a cosas que te quitan las ganas poco a poco, pero cuando he intentado relajarme no lo he conseguido. La música se me sale, no puedo esquivarla, y he aceptado que es mi deber usar este medio para seguir expresándome.

 

Si el día de mañana te quedaras sin voz, ¿continuaría la lucha?

Nunca me había planteado esa metáfora, la verdad. Mi arte es mi rebelión, también me movilizo con muchas cosas tras los bastidores, pero la música siempre se cuela. Aunque fuera en un corto de cine silencioso (risas), siempre encontraría la manera de seguir con lo mío.

 

Comentas que jugáis con desventaja, pero últimamente observo un gran auge de artistas del colectivo que se expresan con libertad. Quizá eso esté cambiando.

Yo no lo veo así, la verdad. Estamos viviendo unos tiempos muy oscuros con persecuciones constantes a las personas como yo, y quizá ha habido una ruptura dentro del colectivo LGBT. Hay gente que quiere separarnos, y quizá piensen que acatarse a la heteronorma les va a salvar, pero están muy equivocados. Siento que se está convirtiendo en obsesión, y sí, aún estamos muy perseguidas.

 

¿Cómo has vivido esa discriminación dentro de la industria?

La vivo todo el tiempo, y no necesariamente es algo notorio. A veces te miran y se quedan en silencio, o no colaboran contigo porque sienten que tienen algo que perder frente a la sociedad. Existe una predisposición a alejarse, porque aquí todo es capital, y prefieren evitar el riesgo. Yo no me lo tomo como algo personal, creo que es una cuestión de estructura. No les culpo, porque como dicen, las primeras víctimas del patriarcado son los propios hombres. Qué ironía.

¿Tienes fe en que esto termine algún día?

Sí, la verdad. Me gusta pensar que estamos en los últimos tiempos del resurgir de la ultraderecha, porque sabemos que es una farsa. Las personas poderosas que impulsan esta narrativa están intentando desviar la atención de los asuntos realmente importantes. Tía, el planeta está prendido en fuego, ¿y el problema es dónde quiera ir yo a mear?

No sé, en el fondo no le doy tanta importancia porque estoy colmadísima del amor que me dan los míos. Quizá alguien más privilegiado socialmente no puede decir lo mismo. Hay que mirar las cosas con perspectiva, y nosotras vamos a prevalecer porque siempre hemos existido, les guste o no.

 

Creo que la gente almacena demasiado odio. Puedes comprender algo o no, pero lo más importante es mantener el respeto.

Esto es una lucha de clases. La élite está obligándonos a que sea horizontal, en vez de hacia arriba, contra ellos. He visto a mujeres como yo habitar en los lugares más inhóspitos, y aunque no haya tanto entendimiento, siempre triunfamos. Nos están dando duro por ignorancia, por falta de educación. Quieren borrar el feminismo, arrebatarnos el pensamiento crítico, hacernos caer en la propaganda. La gente está muy distraída, el individualismo nos tiene jodidos. Es todo una estrategia.

 

En algunas ocasiones has comentado que te sientes cómoda con el término ‘maricón’, que suele entenderse como algo bastante despectivo. Jedet, que es amiga tuya y también pertenece al colectivo, lo tiene tatuado. ¿Habéis hablado alguna vez sobre esto?

La verdad es que no, hablamos de muchas cosas, pero de esa en concreto nunca (risas). Yo tengo un tatuaje que dice ‘puta’, así que igual es agarrar esa mierda que siempre te han dicho y hacerla tuya.

De todas formas, yo entiendo que existe una gran diferencia entre lo ‘gay’ y lo ‘maricón’. Considero que cada término simboliza una lucha distinta, y el segundo, para mí, es más identificativo. Es el no encajar, pero que tampoco te importe, ¿entiendes? ‘Maricón’ es una comunidad, el término ‘gay’ lo asimilo más a la sociedad heteronormativa, al gay respetable, al que no se le nota. El ‘maricón’ es la antítesis, la verdadera revolución.

 

Me parece muy interesante lo que cuentas. Como persona externa, creo que hay muchas cosas que no se pueden comprender del todo a menos que formes parte de ello.

Totalmente, es así. Dentro del colectivo hay mucha cultura, y como nosotras tenemos que existir siempre fuera de los cánones, hemos encontrado una forma particular de expresarnos y de vivir. De todas formas, considero que hay gente aliada y cercana al colectivo que, aunque no formen parte de él, viven con actitudes afines, o simplemente lo comprenden. Me quedo con eso.

 

Tu álbum ‘La Sustancia X’ abre con una canción que, literalmente, es un hechizo. Naciste en Puerto Rico, lugar donde tradicionalmente se ha practicado mucho el espiritismo y la santería. ¿Cómo te llevas con esa parte?

El caribe es una región con multiplicidad de creencias y culturas, y la verdad es que no todo el mundo estaría de acuerdo con decir que Puerto Rico es un territorio practicante, aunque gran parte de la población sí lo haga. Lamentablemente, muchas personas conservadoras se ofenderían con tu comentario, porque existe un fuerte elemento racista dentro de la sociedad puertorriqueña que busca negar esta realidad.

¿En cuanto a mí? Sí, estoy bien conectada con mi espiritualidad, y lo digo abiertamente. No me gusta ahondar en el tema porque es una cuestión muy personal; dejémoslo en que es mi forma de entenderme. Me siento muy afortunada con la conexión que tengo con mi tierra, con mis ancestras y con mi alrededor, porque es lo que me ha enseñado a moverme por el mundo.

 

¿Y con la religión? ¿Eres creyente?

Sí, soy creyente, pero no religiosa. No creo que exista un Dios con barbita blanca mirándonos desde arriba, pero sí en la sabiduría ancestral. Yo he entrado en contacto con cosas que realmente no puedo explicar, pero que me han movido mucho. Soy muy escéptica, pero en mi caminar he encontrado varias cosas que me han puesto en mi lugar.

 

¿Hay algo a lo que le tengas miedo?

Tengo una relación bien particular con el miedo, y siento que en gran parte viene de caminar siendo mujer y siendo percibida como tal. Por ejemplo, me parecería muy riesgoso irme yo sola a ‘mochilear’ por el mundo. Si pasa cualquier cosa, ¿de quién es la culpa? Pues de una, por ir sola. Es injusto, pero es así. Yo no dejo de vivir ni de hacer las cosas que quiero hacer, pero también hay que ser consciente del peligro. Debemos protegernos, siempre.

Villano Antillano observa al miedo como una parte inherente de sí misma. «Él y yo nos vemos a la cara de manera constante, pero no me amedrenta. Más bien, lo veo como una serie de obstáculos que debo superar», confiesa.

Su necesidad de gritar lo que aún le rompe ha dado a luz a su proyecto más íntimo, ‘Ante el Umbral del Peligro No Siento Temor’, una demostración de que el dolor no siempre ha de ir acompañado de una melodía triste y, a veces, las heridas más profundas encuentran su verdadera expresión en la rabia. En eso, Villana es la experta.

Tu nuevo álbum nace de un duelo muy profundo. ¿De dónde viene ese dolor?

De crecer. Ya tengo 31 años, y aunque estoy muy emocionada y disfrutando muchísimo de la etapa en la que estoy, ha sido difícil soltar todas mis capas anteriores para convertirme en quien soy ahora.

A veces nos convencemos de que ciertas personas y situaciones se quedarán con nosotros, y no siempre es así. Me considero una persona muy leal, a veces incluso demasiado, y me he encontrado perdiéndome a mí misma por personas, experiencias y oportunidades que quizá no me devolvían lo mismo. Es difícil desprenderse de lo conocido y de lo que has amado profundamente, pero también necesario.

 

Supongo que te dolió mucho irte de ciertos lugares.

Yo soy medio nómada, siempre lo he sido, pero verte formando parte de la diáspora, siendo inmigrante, es distinto. Diría que es un proceso agridulce, porque antes de ser feliz tuve que patalear mucho. Los puertorriqueños amamos un país que ni siquiera es nuestro, y eso es duro. No sé, hay muchas cosas dolorosas en la vida. A veces solamente hay que sentarse con ellas, dejar que se muevan frente a ti y sufrirlas, pero sin paralizarse por ello. Por eso proclamo que ante el umbral del peligro no siento temor.

 

Se siente también como un pequeño recordatorio a ti misma, ¿no? Es decir, estuviste allí, pero ahora estás aquí, y tienes que seguir en esto.

Sí, exacto. Ya lo hemos hablado antes, en el mundo hay mucha maldad y persecuciones, y duele decirlo, pero a veces me pregunto en qué punto estamos. No creo que exista una agenda del mal, pero sí sé que he tenido que hacerme chiquita muchas veces, y no pienso volver a hacerlo. Me rehúso a que nadie vuelva a meterme miedo.

 

El álbum me parece una pasada, pero aún te noto muy rabiosa. ¿Sigues estándolo o ya lo has soltado?

Yo estoy perpetuamente rabiosa, pero es una rabia buena, porque me mueve. Siento que en los hombres se celebra mucho la chulería, pero en las mujeres está mal visto, te perciben como una crecida, como una bicha. A mí me da igual cómo me vean, porque sé que soy muy buena en lo que hago y también sé que en el fondo me respetan. Me puedo dar el lujo de estar rabiosa, porque me he tenido que joder el triple que estos cabrones para llegar a donde estoy.

 

Una vez leí que la rabia bien canalizada se convierte en arte, y creo que ese es realmente tu objetivo.

Sí, principalmente porque considero que actualmente el arte no se puede extrapolar de lo político. Hay gente que dice que es artista, pero realmente son un producto de consumo más, que está muy bien, eh. Pero si tu arte no significa nada más allá de eso, eres una empresa, no un artista. El arte mueve, para bien o para mal, pero siempre genera algo. Hoy en día no hay demasiadas cosas que muevan, la verdad.

 

Pienso en Taylor Swift, que es una artista más bien insípida bajo mi punto de vista, y mira dónde está.

Es un buen ejemplo, la verdad (risas). Ella cae en ese encasillado que te comentaba, es fácil de mercantilizar porque entra en los cánones y es tibia, no se posiciona, o al menos no lo parece. No voy a entrar a hablar de ella como artista, pero me parece una gran representación de lo que hablábamos. Lo mismo sucede con lo americano, en términos generales.

Hablando de eso, cada vez introduces más el inglés en tus temas.

Es que el inglés se nos ha impuesto, y así se va a quedar. Aunque me moleste, no puedo negar esta parte de mí, y he comprendido que poder entenderlos me da ventaja. Está bien poder pasar desapercibida, que parezca que siempre he hablado inglés, aunque te lo cante masticado porque no lo respeto.

 

Pero, según dices, es el idioma de tus enemigos.

Sí, y hay puertorriqueños que se han negado a aprenderlo como un acto de resistencia, pero yo no pienso que deba ser así. Mi conexión con la música es algo multicultural, y hay cosas que me salen solas. En el ejercicio del rap, cuanto más idiomas sepas, mejor. Como Bad Gyal en ‘Yo sigo igual’, que canta en español, inglés y catalán. Creo que hay palabras que casan mejor en otros idiomas, y voy jugando con eso. El lenguaje es una herramienta más del proceso creativo, como pintar de diferentes colores.

 

En ‘Me Ven’, el interludio que divide el álbum, dices que te sientes vista, pero no observada. ¿Cómo es eso?

El interludio sale directamente de una conversación, que también es un punto muy interesante de este proyecto: ha salido mucho de conversaciones cotidianas. Yo estaba hablando con mi amiga, y las locas somos así. Por ejemplo, ‘Crack’ empieza y termina con una declamación de un poema de mi amiga Lupe Martell. Estábamos en su casa, la escuché y me emocioné mucho.

Volviendo al tema, creo que ‘Me Ven’ se entiende como una queja, el sentir que te miran, pero no te quieren de verdad. No te ven genuinamente, no por cómo tú eres. Sabes que vas a llamar la atención allá donde vayas, pero no todos podrán ver tu alma.

 

¡Pero a ti te encanta que te vean!

Aries con ascendente Leo, mi amor. Por supuesto que me encanta.

 

Se nos acaba el tiempo, qué mal. Me quedaría horas hablando contigo. Para cerrar, ¿a quién te gustaría dedicarle este disco tan tuyo?

Se lo dedicaría a todas esas personas que ven lo que está sucediendo en el mundo y se sienten acojonadas. Nos han devastado, nos han hecho sentir solas, pero a lo largo de este proyecto me he dado cuenta de que Villano Antillano es cualquier persona que entienda mi concepto. No hay muchas artistas como yo ahora mismo, y que una chica ‘trans’ venga corriendo a abrazarme porque la he hecho verse a sí misma, me emociona demasiado.

Esto es para ellas, para revivir esa chispa, la alquimia de que te sucedan cosas feas y tener la capacidad de convertirlas en algo magnífico. Lupe Martell