Un viaje de contrastes, concienciación y descubrimiento. EXIT Festival celebraba su 25 aniversario y Fleek fue uno de los medios elegidos para vivirlo en primera persona. La experiencia no solo incluía disfrutar del festival, sino también una inmersión completa a través de la cultura y la gastronomía serbia. Y, pese a que descubrir un país y disfrutar de un festival implique trasnochar y madrugar, el plan no tuvo fisura alguna.

Hubo tiempo para cenar en el barrio bohemio de Skadarlija en Belgrado, para un tour por el centro de la capital al día siguiente y, ya en Novi Sad, aprendernos de memoria los atajos de la fortificación de Fortaleza de Petrovaradin, espacio donde se celebra el festival, y hasta para viajar a Sremski Karlovci y comer en Vinarija Deurić, situado en Mala Remeta. 

Cuatro días y un festival con 13 escenarios no lo pone fácil a la hora de seleccionar los highlights, pero lo he intentado. Ahí van:

Los Sex Pistols de Frank Carter

Qué buen front man que es Frank Carter. No paró sobre el escenario, vocalmente estuvo impecable y bajó entre el público para preguntar: “Where the moshpit at?” antes de formar uno de los pogos más grandes que ha visto el main stage del EXIT.

El caos imprevisible de ¥ØU$UK€ ¥UK1MAT$U

El DJ japonés logró mantener al público en estado de trance durante toda su sesión. La atmósfera densa con la que arrancó fue transitando diferentes ambientes que contrastaban con el crudo inicio.

Free Students stage

El escenario con mayor carga simbólica y cultural de todo el festival. El perfil mediático de los protagonistas y la puesta en escena no era lo principal aquí, ya que lo que interesaba realmente era servir de altavoz a colectivos e iniciativas vinculadas al activismo estudiantil.

The Prodigy y la reivindicacion de un legado

Todo un viaje sensorial. The Prodigy volvió a enamorar al público serbio, con el que mantiene un idilio desde los años 90 que no ha perdido un ápice de pasión.

La dualidad del B2B entre DJ Girola & Tijana T

La elegancia techno-pop de DJ Gigola se fusionó con la energía cruda de Tijana T, dando como resultado una travesía a través de ritmos ondulantes, sensibilidades melódicas y golpes contundentes.

El último que mencionaré tuvo lugar en la noche inaugural, momento en que la música de todos los escenarios del festival se detuvo durante 16 minutos en honor a las 16 víctimas de la tragedia Novi Sad. Una prueba más de que el silencio muchas veces puede hacer mucho ruido.

Es imposible no tratar esta crónica sin abordar el componente social de esta edición del festival. Ninguna otra edición ha estado tan cerca de no celebrarse. Las tensiones entre los estudiantes y el gobierno serbio, siendo Exit Festival abiertamente defensores de los primeros, se convirtieron en presiones que han hecho que el festival haga público su deseo de salir del país para la vigésimo sexta.

Las guías nos comentaron en varios momentos que les resultaba complicado comunicar que el país era completamente seguro, que las manifestaciones eran pacíficas y más enfocadas a concienciar y crear comunidad que a causar disturbios. Doy fe de ello. Los estudiantes cortaron los accesos en coche los cuatro días de duración del festival pero el ambiente que se respiraba, lejos de ser violento, mezclaba positivismo y emotividad. Tardaré tiempo, si es que algún día lo consigo, de olvidar la imagen de 16 sillas, cada una con el nombre, la fecha de nacimiento y fallecimiento, una rosa blanca encima y zapatillas debajo, que se colocaron como recuerdo de los 16 estudiantes muertos el pasado noviembre al derrumbarse parte del techo de la estación de tren de Novi Sad. 

Durante la mañana del tercer día, la cuenta de Instagram del festival publicaba un vídeo en el que un hombre descolgaba uno de los carteles en apoyo a los estudiantes situados por todo el festival, precisamente en el que se podía leer el lema Pumpaj. Esta acción, entendida como una maniobra para presionar y desestabilizar las protestas, fue respondida con un acto de la organización en el escenario principal, enfocado en remarcar los valores de su lucha y su persistencia en ella, y la organización de una conferencia de prensa con dos estudiantes de la universidad de Novi Sad. En ella pudimos conocer de primera mano la motivación detrás de las protestas, lo que reclaman al gobierno y cómo la propaganda política emitida en medios afines al régimen pone en peligro sus vidas.

Salir de EXIT Festival este año fue como salir de un espacio suspendido entre la euforia musical y la responsabilidad colectiva. Porque si algo ha demostrado esta 25ª edición es que un festival puede ser mucho más que música: puede ser memoria, puede ser resistencia, puede ser comunidad. Aunque es posible que su próxima edición no tenga lugar en Serbia, es difícil imaginar que este legado de compromiso, pasión y memoria no viaje con ellos. 

Texto: Fernando Fraile