Judeline vuelve al origen y sana sus raíces

 

“Llévame de vuelta a Cádiz / me mata esta pena / Bajo las nubes / quiero convertirme en arena”.

Empezaré desde el principio. La primera vez que oí la voz de Judeline fue en 2020, en plena cuarentena, a través de una de sus primeras canciones llamada ‘Solo quiero huir’. Este que escribe estaba plácidamente en el baño cuando de pronto sintió un flechazo musical. Dicen por ahí que en los baños es donde suelen aflorar los pensamientos más reveladores, y a mí me pasó. Una visión, una epifanía, la revelación casi sobrenatural de que esa voz iba a escucharse no solo en las paredes de mi cuarto de baño, sino alrededor de todas las paredes de España y, en un futuro, del mundo. Tiempo al tiempo.

Admiradora de Lole y Manuel, Ricardo Pachón, Jorge Drexler o Luis Miguel, desde hace un par de años Judeline lleva aprovechando las olas de segundos, minutos, horas, días y meses convirtiéndolas en corrientes de impulso para alcanzar la cresta donde se sitúa ahora. Primero fue ‘De una manera’, luego ‘Nueva en la Ciudad’ y ‘Sustancia’ para, finalmente, desembocar en su EP debut, ‘De la luz’: “Este trabajo ha cumplido de sobra mis expectativas, no puedo pedir mucho más. He sentido el respeto de muchos artistas y personas del mundillo y todo esto ha provocado que mucha gente esté más atenta. Además, es el primer EP que trabajo con mi equipo de managementSonido Muchacho – y estoy súper feliz porque antes pasaba muchísima ansiedad teniendo que enviar todas las notas de prensa, buscar los videoclips, pagarlos, buscar dinero, gente que quisiera colaborar, no tenía un duro, era muy complicado y al final el management invierte en mí, me ayuda, me organiza, me propone y me abre un campo de visión, hago mejor mi música y me centro en lo que de verdad me gusta hacer, comenta.

Un trabajo que se empezó a gestar materialmente en cuarentena, pero espiritualmente muchísimo antes: “Todo comenzó en el confinamiento junto a Tuiste, dije que quería coger ‘Señal’, que era la primera demo que teníamos y hacer un EP sencillo de 2 o 3 canciones, todavía no estaba el concepto ni nada, la intención solo era recopilar algunos temas para sacar mi primer trabajo y ya está. Aún no había sacado ni ‘Sustancia’, ni ‘Nueva en la Ciudad’ ni ‘De una Manera’, ni nada. Entonces nos mudamos a Madrid, hicimos ‘Trafalgar’ y ahí ya me fijé en el concepto que contenía la letra. Desde hace tiempo tenía en mente hacer un EP que tratase sobre mi tierra y presentarme al mundo con ello ya que es de donde vengo, ‘De la luz’. Creo que era la mejor forma para presentarme con mi primer proyecto, irme lo máximo posible a la raíz y ahora que ya he presentado mi raíz pues presentar todas las fumadas que me inspiran ya que la música que voy a sacar a partir de ahora no tendrá nada que ver con esta”.

Cádiz como telón de fondo

Las dunas doradas, el faro, el fulgor del atlántico, las casas encaladas, la arena de las playas, el sol, la soledad y la añoranza. Aquí brotan las raíces del EP, en la costa de la luz, en Cádiz, ciudad natal de la artista. Cualquiera que haya estado en Cádiz y haya tenido mínimamente los ojos abiertos sabrá mejor de lo que hablo cuando digo que su luz es hermosa. “Ay de aquel lugar / el agua es de cristal / los barcos de papel / la luz parece miel, canta en ‘Trafalgar • amanecer’, la canción que abre el proyecto.

Cádiz enaltece el concepto de la palabra ‘luz’. Y la luz se dignifica (y encuentra hogar) con la música de la artista; quizás porque en el fondo el trinomio Judeline-música-luz es lo mismo; quizás porque su angelical voz acaricia con luz todo a su paso. El caso es que, durante algún tiempo, la artista estuvo lejos de la luz, ya que hace poco más de un año, emprendió un nuevo camino mudándose a Madrid. Obviamente, la luz de Madrid no es la luz de Cádiz. Y eso provoca desavenencias internas, como también las provocó su infancia, impoluta de sueños, pero manchada de bullying y soledad, que desencadenaron en un sentimiento de desamparo, odio por su tierra y la idea siempre en su cabeza de abandonar ese lugar al que ahora le canta.

Odiar y escapar para, luego con perspectiva, volver a amar para siempre. “A mí me ha pasado esto con los Caños de Meca (Cádiz), pero también con personas, de pequeña sufrí mucho acoso escolar y rechazo por parte de los niños, aunque encontré mi hueco. Aparte de eso, era una niña que soñaba mucho, veía Disney, veía a Hannah Montana, Selena Gómez o Zendaya y me acuerdo de llorar delante de la TV y pensar: «¿por qué tengo que ir al colegio y aguantar esta mierda cuando yo quiero ser artista y quiero cantar y salir en la TV?», lloraba muchísimo por la frustración. Me quería ir de los Caños, los odiaba. Parece que es muy bonito y que allí todo es de color de rosa, pero la gente solo va allí a beber y a pasárselo bien en verano, pásate tú allí un invierno con siete años y teniendo un solo niño de tu edad en tu pueblo, con el frío que hace, con el Levante y lo solitario que está eso, era un poco duro y al final pues claro, me quería ir. Y hasta que dejé los estudios porque no aguantaba más y me fui con 16 sola a Ámsterdam a currar de niñera. Más tarde terminé el instituto y me vine para Madrid. Y ahora estoy que me muero por volver a mi tierra porque ya me he sentido aceptada allí, he curado la niña interior que tenía con sus inseguridades y ahora me muero por volver, estar con mis amigas y tener paz en el sitio más bonito del mundo”, asegura. Sucedió la reconciliación.

“Este trabajo ha cumplido de sobra mis expectativas, no puedo pedir mucho más”

Toda esta maraña de sentimientos está sintetizada a las mil maravillas al final del videoclip de ‘Otro lugar • despertar’, segunda canción del EP, cuando comenta: “de chica decía, que quería irme para enamorarme, hacerme grande lejos de mi planeta de arena y mar, a otro sitio lejos de mi hogar, y al final me fui para darme cuenta de que el amor era ese rinconcito del que siempre quería escaparme, y que no era una persona la que venía a enamorarme, sino otro lugar”. Ese otro lugar, al final y paradójicamente, resultó ser el de siempre.

Y ahora, la eterna cuestión del centralismo en la música – pero aplicable a cualquier aspecto -: el debate sobre si hay más oportunidades en Madrid que en Andalucía. “En Madrid mucha gente piensa que se va a comer el mundo y en realidad es muy complicado destacar, tienes que ser muy bueno y tener todo muy claro para que la gente te mire y se quede con tu nombre. He visto colegas míos que son buenos que me preguntan si deberían irse o no a Madrid y siempre les digo que, si van a ir a matar sí, pero si van a ir a ver qué pasa y a pasearme por la calle a ver si les paran y se fijan en ellos pues como que no. Al final es curro y tienes que hartarte de trabajar para que pasen cosas, ya sea aquí o en Andalucía. Es verdad que fuera del ámbito del flamenco en Andalucía es más complicado pero bueno, ese ha sido mi cambio y tampoco creo que todo esto se deba solamente a mudarme a Madrid sino por estar segura de mí misma, salir de un sitio donde yo no estaba cómoda, volar un poco y ser adulta”, comenta con firmeza Judeline.

Amar para crecer

Solo hay un fenómeno que es capaz de iluminar las almas con el mismo nivel de hermosura que los rayos de luz de Cádiz, y es el amor. Entre mares, playas y añoranza, transpira también en el EP lo que lleva transpirando en la humanidad desde su fundación. La carga del amor aquí es permanente, al igual que en su vida. Al final, amar lugares es similar a amar personas, porque uno siempre quiere volver a lo que ama. Soy una persona que necesita y da amor todo el rato, no estoy hablando románticamente porque no he tenido una relación seria en mi vida, aunque siempre diga que quiero un novio, nunca lo he tenido ni realmente lo necesito. Pero sí que siento el impulso de darle un abrazo a mis colegas, o estar en una sesión de estudio y de pronto sentir una conexión, mirar al cielo y apreciarlo, como si fueras alguien que nunca ha visto el cielo o nunca ha experimentado nada y lo experimenta por primera vez. He pasado por mis depresiones y bajones, pero cuando he aprendido a ver la vida de esa forma conecto, entro en el amor y ahí me quedo. Necesito el amor para vivir, y además me inspira muchísimo, el amor romántico, el amor de amigos, el desamor. Al final los sentimientos fuertes son los que inspiran. No se puede escribir nada sin sentir algo, afirma.

Todo esto se extiende también al grupo que Judeline ha encontrado en su estancia en Madrid. Mayo, Oddliquor y Tuiste, entre otros, además de realizar una bárbara labor de producción y mezcla y hacer que casi que se pueda oler el mar y el salitre, también constituye un pilar insustituible en la cotidianidad de la artista:Son mi familia, hago música con ellos, duermo con ellos, salgo con ellos de fiesta. Son mi equipo de trabajo, pero también mis mejores amigos. No sé qué habría pasado si no los hubiese conocido a ellos, seguro que habría coincidido con otras personas maravillosas, pero creo que es la primera vez en mi vida que tengo un grupo de amigos que se dedica a lo mismo que yo, y ellos igual, todos sentimos lo mismo, tenemos la misma forma de ver tanto la vida como la música, es muy bonito y realmente me siento súper feliz”.

Cuando le pregunto qué es lo más valioso que ha aprendido sobre el amor responde lo siguiente: “el amor es necesario para el crecimiento de una persona, y cuando te hace daño de verdad, te transforma. Solo he sufrido un desamor a lo largo de mi vida y me ha transformado completamente para bien. Y, sobre todo, románticamente he comprendido que no se necesita a nadie, y que el mejor amor que puedes encontrar es el tuyo. Cuando tengas tu amor propio bien establecido y curado vas a poder sentirlo hacia los demás y recibirlo de una manera sana, si no estás jodido”. El amor, otra vez, siendo la fuerza transformadora más grande que existe.

Tormentos, familia y la música como salvavidas

No todo es bonito en el mar. Posee ‘marisucia • noche’ – referencia a la playa de Marisucia ubicada en los Caños de Meca – un halo que roza lo trágico, lo tormentoso. Algo presente en la letra, “arriba del agua los sueños no brillan / dolor en paquetes tiraos en la orilla / Gente en la costa que al agua solía contarle / El mar que una vida vino a arrebatarle” (la gente que se juega la vida en el mar y la pierde) y también en la instrumental y los efectos vocales, dando lugar a un ambiente oscuro y místico, mecido por la calidez lumínica de la voz de Judeline.

Para la artista gaditana, las nubes negras y las angustias que amenazan su paz y tensionan su vida tienen que ver, sobre todo, con las consecuencias inexorables del paso del tiempo. “El paso del tiempo es algo que me atormenta porque soy una persona que sueña con poder irse a EE. UU., México, Puerto Rico y a distintos países a trabajar mi música durante una temporada y me da mucho miedo perderme a mi familia y estar mucho tiempo sin verlos, mis padres se están haciendo mayores y todo eso es un terror que nunca había sentido. A veces lo pienso mucho y paso mucha tristeza. Al final tengo 19 años, me estoy haciendo adulta y es algo todavía me choca porque no me acostumbro. Físicamente también me martirizo mucho con mi autoestima, y me atormenta mucho cagarla con alguien que me importa o en algún momento donde no la tengo que cagar”.

“Solo he sufrido un desamor a lo largo de mi vida y me ha transformado completamente para bien”

La familia de la artista, de hecho, está presente en este EP, concretamente tanto su padre como su madre. El primero ha compuesto ni más ni menos que los acordes de ‘tonada de la luz • madrugada’ y la segunda, básicamente, inaugura este proyecto. Si se fijan, la primerísima palabra que se escucha en el EP es ‘Lara’ -nombre de pila de Judeline -, pronunciada por su madre y extraída de un vídeo en el que la artista contaba con apenas meses de vida y donde su progenitora la llevaba de visita al faro de Trafalgar. Posteriormente también se escucha a su madre diciéndole: “Lara mira donde estamos, ¡en el faro!”. Un abrazo a las raíces. “Mi padre es un pedazo músico, toca la guitarra y obviamente me apoya. De hecho, cuando me metí en Bachillerato, me dijo: ‘Lara, ¿para qué te vas a meter en bachillerato?, ¡métete en el conservatorio!’, porque soy malísima para estudiar. Mi madre también me apoya muchísimo, confía en mí y me adora. Ahora mismo puedo vivir de la música así que ellos están muy contentos”, reconoce orgullosa.

También, en ‘marisucia • noche’ entona lo siguiente: “soñando con arte para seguir viva”. A veces, luchar o desear mucho algo no garantiza conseguirlo, porque la vida es así de cruda, y no hay más explicación. Pero lo que sí está claro cristalino es que, si uno mismo no tiene un mínimo de ilusión o convencimiento por aquello que hace, nunca, jamás, tendrá alguna posibilidad de lograrlo. La música ha sido la tabla de salvación de Judeline, ya desde su infancia. La que le ha aflojado la soga en los momentos de desamparo y, sobre todo, la que ha actuado como catalizadora de todos sus sueños e ilusiones. “Siempre he estado muy segura de lo que he ido sacando, confío bastante en mí y nunca he tenido ansiedad ni miedo porque llevo proyectando desde tan chica querer ser cantante que nunca se me pasó por la cabeza no conseguirlo. Y si alguna vez me ha rondado por la cabeza alguna inseguridad respecto a la música la elimino rápidamente. Para mí cantar es una forma de meditación, jamás me he sentido tan conectada a mí misma como cuando canto. Una vez me acuerdo de que, de pequeña, me puse a cantar y a experimentar con la voz antes de irme a dormir, y fue en ese momento donde me di cuenta de la conexión conmigo misma que me provocaba tanto cantar como la música en general. Con alguna canción que ponía mi padre en el coche recuerdo escucharla super atenta y de pronto sentir unos pelos de punta desde la nuca hasta los pies. Lo que siento con la música es como engancharme a una droga o a la sensación de los orgasmos, los pelos de punta que yo experimento en ciertos momentos escuchando música es algo que persigo todo el tiempo. Por eso hago música, por conexión. Mis padres me decían que empecé a tararear antes de saber hablar, confiesa.

La música de Judeline es un agradable rayo de sol besando la cara, la proyección de su propio resplandor, luminosa y brillante como el radiante sol de los Caños de Meca. No sabemos cuál será su próxima parada, pero con ‘de la luz’, la artista gaditana echa el ancla en su tierra para que, si alguna vez se encuentra sin rumbo en el mar que es la vida, siempre pueda guiarse por la luz del faro de Trafalgar. Por la luz inquebrantable de Cádiz.

Texto: Daniel Caballero

Fotografías 3, 4, 5: MAL RAINY