«No puedes ser libre viviendo encerrado. Aunque los barrotes sean dorados, sigue siendo una jaula»

‘La Jaula de Oro’ es una metáfora cargada de significados que da nombre al nuevo trabajo de Foyone. Gran parte del disco está construido en torno a esta idea, la del hombre enjaulado, que es la que más nos interesa desgranar en un artículo que trate de dar contexto a un artista siempre enigmático, siempre sugerente, siempre diferente.

‘La Jaula de Oro’ representa los límites. Los límites del sistema, de la cordura, de la realidad. En este trabajo Foyone viene a profundizar en temáticas que siempre han rondado sus canciones pero que, en esta ocasión, se muestran más enfocadas que nunca. Si la jaula son los límites, el oro de sus barrotes es la autocomplacencia, la inmovilización, la desorientación, y otras tantas cosas que nos deslumbran y nos hacen olvidar casi constantemente que estamos enjaulados.

‘La Jaula de Oro’ no es sino una crítica ácida de la sociedad contemporánea. Aborda temas como el ejercicio del poder, el modelo productivo, el equilibrio entre consumo y trabajo, la ilusión de libertad, la educación, el miedo… Todos estos elementos hacen que estemos ante uno de los discos de nuestra generación más críticos con el sistema. Es su capacidad de construir una distopía coherente lo que le lleva a un nivel distinto y es su forma de tratarla la que hace que estemos más ante un artista que ante un cantante de propaganda. Foyone aborda esta crítica desde una perspectiva que juega con la narrativa irónica del de arriba, que sitúa al narrador en los ojos de los que mandan, diciendo todo aquello que no queremos oír, pero sabemos, que no queremos pensar, pero vemos.

Foyone no es el único artista cuyo contenido se pueda entender desde un punto de vista político, pero lo que sí le hace único es que se sitúa narrativamente en el lugar de los poderosos y explota la caricatura hasta el fin, con imágenes de illuminati, dioses, manos negras , teorías de la conspiración, etc…

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Fotografía: Folly Iván

La jaula es el límite difuso de la idea de libertad. La jaula es ese elemento imperceptible que nos sitúa gobernados dentro de un contorno que no alcanzamos a comprender, en el que utilizan armas como el miedo, la incultura, la desinformación o el entretenimiento de masas para el fin último que es el control de las poblaciones dentro de un statu quo. El poder se ejerce en la oscuridad, esas imágenes de oscuros poderes fácticos son cada vez más asimilables, aunque sean una construcción abstracta, dentro de una realidad dura en la que los gobernantes parecen títeres que se pasean entre la casa de Bertín Osborne y El Hormiguero.

Este poder anónimo es el que alimenta la metáfora principal que estructura este último trabajo de Foyone. Un poder impersonal y omnipresente que el artista ha explotado desde sus inicios, construyendo todo un imaginario basado en reptilianos, dioses y demás manos negras, que le han ayudado a crear un personaje absolutamente genuino dentro de la escena. «Dije que eran libres y se lo creyeron, les di cerveza y se la bebieron, les di televisión y se sentaron, les puse el fútbol y hasta disfrutaron.»

La ilusión de libertad como elemento distintivo de la distopía de la jaula. Es cierto que podemos circular con libertad y en gran medida hacer lo que queramos, ¿no?. Al fin y al cabo, la idea de libertad ha sido uno de los mantras principales del capitalismo, pero… ¿Qué ocurre cuando todas tus comunicaciones están siendo controladas a través de corporaciones como Google o Facebook? ¿Qué ocurre cuando te mueves por un medio en el que cámaras de vigilancia controlan todos tus movimientos? ¿Qué ocurre cuando nuestros hábitos de consumo son tan parecidos y estamos tan fuertemente influenciados por el marketing? ¿Qué ocurre cuando el New York Times denuncia falta de libertad en los medios de comunicación españoles? Quizás no seamos tan libres, quizás la jaula empiece a aparecerse ante nuestros ojos.

Hay un elemento que se torna indispensable como justificación del excesivo control sobre nuestras vidas al que con un silencio cómplice dejamos avanzar poco a poco. El miedo. Como en ‘La habitación del pánico’ (David Fincher – 2002), la jaula es ese espacio en el que nos encontramos protegidos del mundo exterior, una burbuja que nos separa y aísla. En la que conseguimos sentir esa seguridad que se nos niega. Cuantos más crímenes, terrorismo y secuestros internacionales dominen los telediarios, más presencia adquiere la jaula, más nos retrotraemos a ese lugar seguro y cómodo, más nos acostumbramos a nuestra existencia complaciente, mientras miramos deslumbrados los reflejos de los barrotes de oro, que aunque sean de oro, siguen dando forma a una jaula.