Dellafuente: quejíos entre bombos y cajas

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Cuando más de uno pensaba que estaríamos eternamente condenados a escuchar el mismo tono y la misma manera de fluir, aparecieron grupos como Kefta Boyz, ahora reconvertidos en Pxxr Gvng, o artistas como Cecilio G., El Mini o el protagonista en este artículo, Dellafuente, a los que recibimos como un día soleado después de varios meses de cielos encapotados y lluvias torrenciales.

Dellafuente no es un artista al uso, o al menos uno al que podamos meter en el mismo saco de los que estamos acostumbrados a escuchar. Entre sus temáticas destaca el dinero, el hacerlo y gastarlo en mejorar tanto su vida como la de los suyos. Hasta aquí todo normal, ya escuchamos este tema en multitud de canciones, pero con la diferencia de que tiene alternativas si esto de la música se complica. En más de un tema podemos oír frases que hacen referencia a otra de las preferencias en la vida del artista: el audiovisual. “Si no pego con la music, pego con la Canon D”, o “Yo no tiro punchlines, eso no me llama. Yo tiro en Blue-Ray con mi Canon brava”.

Esa actitud de quererlo pero no encerrarse en ello ni focalizar a ciegas todos sus esfuerzos en conseguirlo es uno de los grandes culpables del estilo y la pegada que tiene el granadino. “Se que con la música no voy a sacar queso, me vaya bien o mal, lo hago por gusto, no por gustar”. Sus letras desprenden libertad. No piensa en que puede que no funcione, si es lo que le ha salido de dentro, funcionará. Hace la música que le gusta y para que la escuchen los que comparten sus gustos, no intenta llegar a más público siendo infiel a su cabeza. Es más, si pudiera, haría otra música diferente, como deja claro en más de una ocasión: “Yo he nacido arrepentido de no poder cantar, si la voz hubiera tenido no estaría rapeando”.

Esta influencia está más que latente, Camarón forma un pilar importante en su manera de entender la música. Consigue transmitir desde el máximo respeto todo aquello que caracteriza el flamenco pero con un lenguaje callejero, con jerga propia. “Diamantes”, con la colaboración de Maka, es un claro ejemplo de ello. “Ahora estoy perdido, a mi me ha mirado un tuerto, tengo el dolor en el alma y el corazón medio muerto“. Ni que decir tiene lo fructífera que es la unión de estos dos artistas. Bloody killers del toque virtuoso.

Dellafuente tiene algo que hace que su escucha te la guardes para ti solo, algo que te hace no enseñárselo a otra persona ni hablar de ella. Todo ese misterio y ocultismo que le rodea se contagia a su música. Ocurre lo mismo que con un objeto de valor, un pequeño tesoro que guardas en un sitio que solo conoces tu y no se lo enseñas a nadie porque, aunque no le vaya a pasar nada y vaya a seguir intacto al día siguiente, prefieres protegerlo de esa manera. Te contentas tan solo con sacar unos minutos al día y contemplarlo, simplemente para eso, observarlo desde todas las perspectivas, recordar las sensaciones que experimentaste la primera vez e imaginar cómo será cuando vuelvas a repetir el proceso en un futuro.

“Mi vida siempre ha sido una puta sin elegancia”

Escuchar algunos de sus letras da la sensación de saber cómo es, cómo piensa y cómo actúa. Empatizamos rápidamente, y esto es debido a que todo lo que es Dellafuente lo deja en cada canción. Con pocos artistas me pasa eso. Normalmente es fácil separar la exageración o invención para endulzar el contenido de la realidad de lo verídico. Donde otros prefieren fardar de cosas materiales que difícilmente podrán obtener en su vida, sueños, juergas, infracciones y excesos cometidos al amparo de la noche, Dellafuente prefiere mantener los pies en el suelo en todo momento, y en el instante que los separa un poco del mismo, frases como “…si esa ropa la he vendido yo en los mercadillos”, le hacen volver a apoyarlos.

“Al garete” es el track que mejor representa a lo que me refiero, es un autorretrato en toda regla. Contemplando con detenimiento el lienzo podemos saber todo el proceso de realización del mismo, desde los diferentes tipos de trazos, hasta los ‘arrepentimientos’ del ‘Chino’. En menos de tres minutos tenemos la oportunidad de saber que graba sin sello, sin promo, sin mercha, que solo quiere sacar a su madre de casa, que no quiere volver a vender ropa en los mercadillos, que fuma mentolado escuchando a Corredores, que no suena ni a lo nuevo ni a lo de antes, en definitiva, que es así y no lo finge. Esa transparencia de la que hablábamos la podemos oír en más frases como “Se llama cojones, no se llama apariencia”, o “Me suda la polla tu calle o tu ruina, si tienes pistola o vendes cocaína. Yo no tengo un hierro, tampoco tengo pasta, pero me sobra para reírme de ti, falso gangsta”.

Polivalencia, versatilidad y un how to do innato

¿Cómo convertir una canción que habla de algo insignificante, curioso, freak, y a veces en tono de parodia en un banger?. La respuesta es sencilla: siendo Dellafuente. Da igual si hablamos de una chica emo, de José Fernando, o del ex jugador del Granada Yacine Brahimi. Y es que es precisamente otra especialidad del granadino, lo mismo te cose un huevo que te fríe un botón. Lo mismo te hace “A ca el Borja” con frases como “único barbero que da garantías, devuelve el dinero si no folla en cinco días”, dedicada a su peluquero, que “puedo morir tranquilo, no se si eso es malo, pero tampoco bueno, eso lo tengo mu claro”, como podemos oír en “No hay pa nadie”.

Admiro a la gente con ‘duende’, personas que sin estudios artísticos de ningún tipo consiguen un resultado por encima de otros que se jactan de ello, tan solo siguiendo su estilo y buen gusto, todo ello sin forzar, de una forma fluida y natural.

No lo compares con nada ni con nadie. Dellafuente es Dellafuente. Solo hay uno, y no hay más.